HULDRYCH ZWINGLIO

 

Es imposible entender la carrera y estrategia del reformador suizo Huldrych Zwinglio (1484 - 1531) sin considerar sus antecedentes dentro de la confederación Suiza. El nombre “Suiza” deriva de uno de los tres cantones originales, Schwyz, Ury y Unterwalen (Switzerland), que firmaron un tratado de mutua defensa contra los austriacos en 1921. Esta confederación conocida como la “Confederación  Helvética” fue ampliándose poco a poco durante los siguientes años. En 1332, Lucerna se unió a la confederación, seguida por Zurich (1351), Glarus Y Zug (1532), y Berna (1353). La fuerza de esta confederación fue demostrada en la batalla de Nahenfels (1388), en la cual gracias a su histórica victoria se aseguró su sobre vivencia. La gran leyenda de Guillermo Tell, un patriota suizo que combatió contra los opresores austriacos, se origina en los eventos de este periodo en 1481, los cantones de Solothurn y Fribourg se unieron a la confederación, subiendo a diez el número total de miembros. En 1501 Basilea y Schaffhausen también se le unieron, seguidas por Appenzell en 1513, ningún otro cantón se unió hasta después de las consecuencias desastrosas de la revolución francesa.

Zwinglio nació en el día del año nuevo de 1484, en el Valle Toggenburg en el cantón de San Gallen, en el lado este de la Suiza actual. Estrictamente hablando, San Gallen no era parte de la confederación Suiza, sin embargo en el tratado de 1541, San Gallen se alió a uno de los  cantones Suizos, y es por eso que Zwinglio siempre ha sido considerado Suizo.

Después de un periodo inicial de educación en Berna, Zwinglio asistió a la Universidad de Viena (1998-1502). Viena era vista como una de las Universidades más interesantes de Suiza, debido a las reformas universitarias que se estaban haciendo allí. Bajo la guía de importantes humanistas como Conrad Celtis, la universidad adoptó reformas humanistas. Después, Zwinglio se fue a la universidad  de Basilea (1502-6) donde reforzó su posición humanista. En 1506, fue ordenado como sacerdote y trabajó en Glarus durante los 10 años siguientes, antes de mudarse al monasterio Benedictino de Einseldeln. Durante su estadía en Glarus como párroco, fue Capellán de los soldados Suizos que eran mercenarios en la guerra Franco – Italiana. Estuvo presente en el desastre de Marignano (1515), en el que murieron muchos soldados Suizos. Este evento confirmó la oposición de Zwinglio a la contratación de Mercenarios, y también tuvo una importancia fundamental en el desarrollo del aislamiento Suizo. Fue en Marignano que se decidió que los suizos no volverían a tomar parte  en las guerras ajenas nunca más.

Alrededor de 1516 Zwinglio ya estaba convencido de la necesidad de la reforma de la Iglesia, como lo sugerían también los humanistas bíblicos como Erasmo. Él compró la edición del nuevo testamento Griego de Erasmo, y estudio los escritos de los autores Patrísticos en Latín y en Griego. En el momento en que dejo Einsiedeln y partió a Zurich, ya se estaba convencido de la necesidad de basar la creencia y la practica cristiana en la Escritura y no en Tradiciones Humanas.

El primero de Enero de 1519, Zwinglio tomo su nuevo cargo como Obispo en la gran catedral de Zurcí. Su compromiso con el programa de reforma fue obvio desde el principio. Comenzó a predicar sus sermones sobre el Evangelio de San Mateo, sin tomar en cuenta el leccionario convencional. Su carrera en Zurich estuvo a punto de terminar abruptamente; casi muere durante el brote de la plaza en el verano  de 1519.  La influencia de esta salvación sobre su pensamiento acerca de la providencia se ha quedado fuertemente establecida y será tomada en cuenta en sus obras posteriores.

Poco después las reformas de Zwinglio se volvieron más radicales. En 1522 ya estaba predicando en contra de todos los aspectos  de la religión Católica Tradicional, incluyendo el culto a los santos, la práctica del ayuno, y la adoraron a María.

Sus predicas causaron controversia en la ciudad.y alarmaron al Concejo (concilio de la cuidad). El consejo, preocupado por el clima de intranquilidad que aumentaba en la ciudad decidió acabar con este asunto. En enero del 1523 se preparo una disputa entre Zwinglio y sus opositores Católicos. El Consejo sería el juez, mientras Zwinglio debatía su programa de reforma con el clero católico de la ciudad  pronto fue evidente que Zwinglio les lleva ventaja capaz de traducir sin ninguna dificultad del Hebreo, Griego o Latín al dialecto local, Zwinglio mostró tal dominio de las Escrituras, que para sus oponentes les fue imposible de igualar. Solo había una salida. El consejo decidido que en el programa de Reforma basado en la Escritura, tal  como lo señalo Zwinglio, seria así la política oficial.

Finalmente en 1525, el consejo abolió la misa y la sustituyo  por la versión de la Última Cena de Zwinglio. Justamente estas opiniones de Zwinglio sobre la Eucaristía  serían altamente controversiales, y en verdad Zwinglio es recordado principalmente por opiniones radicales “memorialistas” sobre la Santa Cena, que miraba como una remembranza de la muerte de Cristo en su ausencia.

Animado por los éxitos de su reforma, Zwinglio persuadió a los consejos de otras ciudades a realizar los debates sobre los mismos temas. En 1528 sucedió un mayor avance cuando la ciudad de Berna decidió adoptar la reforma, después de una disputa pública. Berna era el mayor centro político y militar de esa época. Este poder político y militar sería decisivo para “sitiar” Ginebra y hacer establecer la influencia de Calvino en la segunda fase de la Reforma. Entonces, el éxito del Calvino como reformador, se debe en gran parte a Zwinglio, mucho más de lo que normalmente se cree.

Zwinglio murió en el campo de batalla  defendiendo su reforma el 11 de  octubre  de 1531.

 

Zwinglio y Lutero – El Gigante versus Hércules

 

Por John Payne.

 

 

Se convocó al Coloquio de Marburgo con la esperanza de reconciliar a los dos centros de la Reforma Alemana, Zurich y Wittenberg, pero el conflicto referente a la Santa Cena dividió su causa común..

 

El 10 de Noviembre de 1983 fue el aniversario número 500 del nacimiento de Martín Lutero. Durante su aniversario, Lutero hizo una aparición en los medios con grandes artículos en el Time, Newsweek, The New York Times y el National Geographic. Hubo muchas celebraciones eclesiásticas y conferencias. También hubo peregrinajes de luteranos y otros protestantes a Alemania del Este para visitar los lugares en los que vivió y trabajó.

No es tan conocido el hecho de que el primero de Enero de 1984, fue el  cumpleaños de otro Reformador Protestante, Ulrich Zwinglio, de Zurich. Excepto por Zurich y sus alrededores, Zwinglio no recibió la misma atención que Lutero por su 500 aniversario.

Fue el destino de Zwinglio el haber sido sacado a mitad de la carrera en la batalla de Kappel en 1531 y haber sido opacado por la sombra enorme de Lutero. Pero incluso así, él es una figura importante. Él fue el Padre de la Tradición Reformada, la cual se expandió en muchas direcciones, a través de Suiza y el sur de Alemania, hasta Francia entre los Huguenotes, Holanda, Inglaterra y Escocia entre los Congregacionalistas  y Presbiterianos,  entre las Iglesias Reformadas Danesas y Alemanas de  las Colonias Medias.

Aunque Zwinglio fue el que dio origen a esta tradición, su rol al darle forma ha sido eclipsado por el de Jean Calvino, el reformador de la segunda generación, quien al otro lado de lo que es hoy Suiza, en Ginebra, tomó el liderazgo principal de esta tradición reformada a los pocos años de la muerte de Zwinglio. Los eruditos alemanes y suizos, en particular, quisieran sustentar este juicio, insistiendo que el sucesor de Zwinglio en Zurich, Henry Bullinger, también jugó un rol importante en moldear esta tradición.

Los estudiosos mayores, especialmente los alemanes, tienden a ver a Zwinglio a través de los ojos de Lutero y lo ven muy dependiente del gran Reformador sajón, aunque no estaba de acuerdo con él en algunos puntos importantes. Recientes estudiosos, especialmente los suizos, han buscado estudiar a Zwinglio por su propio mérito y han llegado a  la conclusión de que era bastante independiente de Lutero en su desarrollo teológico y Reformacional.

 

Dos caminos para la Reforma

Lutero y Zwinglio, nacidos con una diferencia de solo siete semanas, fueron co-iniciadores de la Reforma Protestante. Aunque esta no era la intención de ninguno de ellos en el comienzo, los movimientos reformistas que iniciaron conducirían inexorablemente a la división en la Cristiandad Occidental. Además, aunque ninguno de ellos lo deseaba, sus diferencias en la Eucaristía conducirían trágicamente a la mayor división en la Reforma Protestante entre los Luteranos y los Reformados. Y aunque tenían mucho en común, sus diferencias son a menudo más enfatizadas que sus similitudes, eran en verdad adversarios.

Zwinglio, al igual que otros humanistas del Renacimiento enamorados de las alusiones clásicas, llamaba a Lutero a manera de tributo “aquel Hércules...que mató al Romano.” En este mismo pasaje Zwinglio también atribuiría títulos bíblicos a Lutero: “En verdad aquí fue el único y fiel David ungido para esto por el Señor y proveído con armas”. Zwinglio no siempre sería tan adulador con Lutero. Pero Lutero nunca habló tan duramente de Zwinglio. Lo llamaba “el Gigante de Zurich” no en tributo sino en burla. Lutero siempre opinó que Zwinglio se tenía en muy alta estima, que era muy presumido por su gran habilidad en el Griego, el Hebreo y los clásicos.

Y aunque se oponían el uno al otro, Lutero y Zwinglio tenían mucho en común. Ambos tenían orígenes campesinos y sus padres eran bien acomodados. El papá de Lutero era un próspero minero en Sajonia y el de Zwinglio era un exitoso granjero y primer ciudadano de su villa de Wildhaus en el valle de Toggenburg de las parte bajas de  los Alpes del este. Ambos llegaron a ser eruditos y desarrollar extraordinarios talentos musicales. Hablaban alemán y eran excelentes predicadores, aunque Lutero hablaba en el dialecto Sajón y Zwinglio en “Schweizerdeutsch” (Suizo Alemán). Los alemanes despreciaban a los suizos y los suizos ofendían a los alemanes.

Ambos estudiaron en buenas universidades, Lutero en Erfurt y Zwinglio en Viena y Basilea, pero sus perspectivas filosóficas eran bastante diferentes. Lutero fue educado en las teorías de Wiiliam De Occam, conocido como “la máquina de afeitarse,” debido a su principio de ahorro en la argumentación: No más partes de las necesarias, mientras más simple mejor. Zwinglio fue educado en el Tomismo, nombrado así por el Doctor Angélico del siglo trece, Thomas de Aquino.

Primero, Tomás y el Tomismo tendían a pensar que las verdades de la revelación y de la razón eran más armoniosas de lo que creía Occam quien creía que las verdades de la revelación yacían enteramente más allá de la razón, incluso parecían ser más contradictorias a la razón. Segundo, Tomás ponía más énfasis a la prioridad de la gracia Divina y al hombre como instrumento de la predestinación divina. En contraste, Occam y sus seguidores ponían mayor énfasis en la libertad y en la dignidad del hombre al cooperar con Dios para lograr su salvación. El hombre no es el instrumento de, sino el compañero de Dios.

Otra diferencia en su entrenamiento intelectual era que Zwinglio absorbía mucho más del humanismo del Renacimiento que Lutero. Aunque probablemente Lutero le debía más a Erasmo de lo que le hubiese gustado admitir, Zwinglio aceptaba abiertamente su gran deuda con Erasmo. Cuando apareció el Nuevo Testamento de Erasmo en 1516, Zwinglio lo compró inmediatamente para copiar las cartas Pualinas en Griego, y luego llevarlas a todo lado como su edición de bolsillo y después memorizarlas. Las opiniones de Erasmo con respecto a la paz, su confianza en el sentido común, y la tendencia espiritualista y anti ritualista de su pensamiento impresionarían profundamente a Zwinglio.

Antes de su rompimiento con Roma, Lutero era un monje que trataba de conseguir su salvación con temor  y que se convertiría en profesor de Teología en Wittenberg por toda su vida. Zwinglio era párroco antes de ser Reformador y durante su época de Reformador seguiría siendo pastor del Grossmunster en Zurich. Lutero tenía algo de conservador social y monárquico, que se ponía al lado de los príncipes y que riñó duramente a los campesinos cuando hicieron su revolución en 1525. Zwinglio era más republicano y radical y también un patriota suizo. Lutero no creía que el Evangelio debía ser defendido con la espada sino solo con la predicación de la Palabra, Zwinglio, a pesar de su pacifismo temprano, no solo abogaría por el uso de la espada para la defensa de la Patria y del Evangelio sino que moriría en batalla con la espada en mano. Al enterarse de la muerte de Zwinglio, Lutero comentó: “Todo aquel que tome la espada, morirá por la espada”.

 

La lucha de Lutero como monje

El punto de inicio para la Reforma de Lutero fue su propia lucha interior por su salvación siendo monje. Lutero ingresó al monasterio de Erfurt en 1505, contra los deseos de su padre que quería que sea un exitoso abogado. Siendo monje Lutero siguió los caminos de las obras ascéticas, la oración, el ayuno, la auto flagelación, pero se dio cuenta de que nunca podría estar seguro de haber hecho lo suficiente. Dijo que si un monje alguna vez hubiese conseguido el cielo por su vida monacal, ese habría sido él, ya que él era un monje muy sumiso y obediente. También probó la ruta de los sacramentos, pero nuevamente no podía estar seguro, de que al confesarse o comulgar, hubiese sido verdaderamente limpiado de sus pecados.

Sin importar cuanto tratase, parecía no progresar en la ruta que lo conduciría a su salvación. Y en vez de sentir que amaba a Dios por sobre todas las cosas, dijo que odiaba al Dios que  exigía para la salvación, que lo amasemos con toda nuestra mente y todo nuestro corazón, pero que no nos concedía la habilidad para hacer esto.

Fue a la mitad de su angustia espiritual y de sus luchas que experimentó su “gran avance”, mientras leía la carta de Pablo a los Romanos. “Por que en esta la justicia de Dios es revelada a través de la fe por la fe; así como esta escrito, “Los justos vivirán por fe” (Romanos 1:17). Él llegó a la conclusión de que la justicia de Dios no es la justicia activa a través de la cual Dios juzga y castiga a los miserables pecadores, sino que es la  justicia pasiva de Dios por la cual él misericordiosamente justifica a los pecadores a través de la fe. no es la rectitud la base  en la cual Dios condena a los pecadores, si no la rectitud dada en el Evangelio y recibida en la fe la base en la cual él perdona a los pecadores. Con este nuevo entendimiento, dijo Lutero “me sentí como si naciese de nuevo y entrase al paraíso a través de sus puertas abiertas”. Finalmente encontró el gozo y el descanso.

 

Zwinglio: Pastor y Patriota.

El punto de inicio para la Reforma de Zwinglio fue diferente. Zwinglio no era un monje preocupado por la salvación de su propia alma. No parecía tener la misma lucha espiritual que Lutero, aunque se comprometió en una batalla contra sus propias lujurias. Confesó que había tenido gran dificultad en mantener el requerimiento del celibato clerical. Pero sabía que no estaba solo en esto. Dijo “De cien padres e incluso de mil, a las justas hay uno casto”. En la primera oportunidad que se le presentó, buscó una esposa cuando vino a Zurich, aunque mantuvo el matrimonio en secreto por un tiempo. Zwinglio redactó una petición al Obispo de Constanza, a favor de 11 padres y de él, “para que se les permita casarse a los padres, o al menos, pestañear en el matrimonio, o echar una canita al aire”.

En vez de un monje preocupado por su propia salvación, Zwinglio era un párroco y un patriota suizo preocupado por la salvación de su pueblo. Su temor no era por su situación personal, sino más bien por la situación de su pueblo.

Desde el comienzo había sentido un profundo amor por su Suiza nativa con sus altas montañas y sus hermosos valles. Sus alrededores le daban forma a su discurso y su traducción de las Escrituras. Los verdes prados en el Salmo 23 se volvieron  los hermosos médanos Alpinos. In Schoner Alp weider er mich (“En los hermosos Alpes él me cuida”). Comparaba la Palabra de Dios con el río Rin: “Por amor de Dio no se enemisten con la Palabra de Dios. Por que en verdad persistirá tan ciertamente como fluye el río Rin. Tal vez uno pueda taparla por un momento, pero es imposible detenerla”.

También era un fuerte partidario de la Independencia Suiza. Los estados suizos, llamados hasta ahora Cantones, gradualmente se unieron en una confederación para conseguir libertarse de sus amos de Hapsburgo. Debido a su gran amor por la libertad y el individualismo, y a su valor como soldados, los suizos tuvieron éxito al luchar por su independencia de estos gobernantes de Austria y de Alemania. Zwinglio recordaba que desde niño era un celoso patriota: “Aun de niño, si alguien molestaba a los Confederados y nos calumniaba, yo me resistía a ellos e incluso me exponía al peligro; por que si alguien deshonraba a  la Confederación, también me deshonraba a mí”.

Como Pastor tomaba seriamente sus obligaciones. En 1523 escribió acerca de su actitud como pastor: “Aunque era joven, los deberes eclesiásticos me inspiraban más temor  que alegría, por que sabía, y sigo convencido, de que daría cuenta de la sangre de las ovejas que perecieran como consecuencia de mi descuido”.

Él demostró ser un pastor valiente cuando sin importarle su propia seguridad ministró a las víctimas de la plaga que azotó Zurich poco después de que iniciase allí su ministerio. Sufrió el azote de la plaga y casi muere. En las garras de su enfermedad, escribió la Canción de la Plaga en la que muestra una firme fe en la suficiencia de la gracia divina en Cristo.

            Estaría completamente de acuerdo con Lutero en el asunto de la justificación por fe. Pero sus reflexiones durante su enfermedad fueron más allá de si mismo y de su propia miseria. También incluían a su pueblo. Él comparaba  su propia enfermedad mortal con la enfermedad de su pueblo que les conduciría a la muerte espiritual. A la inversa, Zwinglio comparó su recuperación con la Reforma de la Iglesia y de la sociedad.

 

 

 

La Prédica Social de Zwinglio

Las convicciones patrióticas de Zwinglio y su preocupación pastoral por su pueblo se manifiestan en su actitud hacia el servicio mercenario. Cada vez se estaba preocupando más por  los muchos suizos involucrados en esta profesión. Los suizos eran excelentes soldados que se ofrecían al mejor postor entre los reyes y príncipes de otras naciones. Mientras era pastor en Glarus, comenzó a  deplorar el derramamiento de sangre suiza en suelos extranjeros  bajo el mando de generales extranjeros.

            Al comienzo no estaba opuesto al servicio mercenario por si mismo, sino solo al servicio bajo el rey de Francia. Estaba bien que los suizos se ofreciesen al Papa. Indudablemente influenciado por el pacifismo de Erasmo, se pondría después totalmente en contra del sistema mercenario, aunque Suiza era un país pobre, y el servicio hubiese sido por mucho tiempo una fuente de ingresos para el país. Él criticaba no solo la pérdida de hombres jóvenes por la violencia sin sentido, sino también la corrupción de las almas de los hombres por la avaricia, el orgullo y el pillaje de civiles indefensos. Él vio a todo el país con una espiritualidad deteriorada y moralmente bajo el señuelo del oro de príncipes extranjeros. Una vez había acompañado a las tropas de Glarus a Italia y sabía de lo que hablaba.

            Él predicaba: “La situación es muy seria, ya estamos contaminados. La religión esta en peligro de desaparecer entre nosotros. Despreciamos a Dios como si fuera un perro viejo... Y fue solo por su poder que nuestros padres vencieron a sus enemigos por que fueron a luchar por su libertad, y no por dinero... Ahora, inflados de orgullo, pretendemos que nadie pude resistirnos, como si fuésemos fuertes como hierro y nuestros enemigos torpes como calabazas”.

            Su predica abierta en contra de esta profesión lucrativa le costaría su púlpito en Glarus. Afortunadamente para Zwinglio, pudo asegurar otros púlpitos, primero en la villa de Einsieldeln y luego en la gran ciudad de Zurich, en la gran catedral, en donde, bajo su prédica se introdujo la Reforma y donde continuó predicando tan poderosa y convincentemente contra servicio mercenario que fue capaz de persuadir al consejo de la ciudad ponerle fin al servicio mercenario en Zurich.

            En general, su prédica y la Reforma que introdujo tenían más una dimensión social que la de Lutero. Se preocupaba no solo de la reforma religiosa personal sino también de la reforma de la sociedad. Henry Bullinger, su amigo y sucesor, nos dio este informe concerniente al contenido de los sermones de Zwinglio: “Él adoraba al Padre, y les enseñaba a los hombres a confiar solamente en el Hijo de Dios, Jesucristo, como salvador. Denunciaba vehementemente todos los descreimientos, supersticiones e hipocresías. Luchaba afanosamente por el arrepentimiento, la mejora de la vida, del amor cristiano y de la fe. Insistía en que el gobierno debía mantener la ley y la justicia, y proteger a viudas y huérfanos. Los pueblos siempre debía buscar mantener la libertad suiza”. Con este último punto es claro que Zwinglio, aunque era abogado de la paz, no se detendría ante nada que amenazase la independencia de su tierra natal.

            En su  prédica no solo se preocupaba de la fe cristiana y del amor ejercido por los individuos, sino también de la justicia establecida por las leyes de la comunidad.

            Calvino heredaría esta preocupación de Zwinglio por la justicia social que caracterizaría gran parte de la tradición Reformada hasta nuestros días.

 

 

 

 

En qué diferían

            Como reformadores, Zwinglio y Lutero tenían mucho en común. Ambos rechazaban la autoridad del papa y le daban autoridad solo a la Escritura; ambos estaban de acuerdo en el principio de la justificación por fe; ambos rechazaban el sacrificio de la misa.

            Pero Zwinglio no creía que la Reforma de Lutero fuese lo suficientemente lejos: “Hubieras limpiado el establo Augeano si hubieses quitado las imágenes, si no hubieses enseñado que el cuerpo de Dios es comido en el pan”.   

            Lutero, en esta parte, era más duro en su juicio de Zwinglio. Miraba a Zwinglio como un Schawramer, un fanático, debido a su rechazo de la presencia corporal de Cristo en la Eucaristía. Lutero unió a Zwinglio con otros fanáticos  como Andreas Carlstadt, su antiguo colega en Wittenberg, quien, mientras Lutero se hallaba oculto en el castillo de Wartburg, radicalizó la Reforma de Lutero destituyendo la misa, destruyendo imágenes, quitándose su traje clerical, poniéndose un sombrero de campesino, y exigiendo ser llamado Bruder Andreas. Cuando Lutero regresó a Wittenberg, le puso fin a esta revolución puesta en marcha por Carlstadt y otros profetas de igual parecer, y eventualmente los expulsaría como espíritus rebeldes y falsos profetas instrumentos del demonio. Debido al rechazo de Zwinglio a la real presencia corporal de Cristo en la Cena, Lutero metería a Zwinglio en el mismo saco.

 

Cristo en la Comunión

Aunque Lutero atacaba la doctrina Católica medieval de la Transustanciación (que sostiene que el pan y el vino son transformados en el mismísimo cuerpo y sangre del Señor), continuó manteniendo que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban presentes “en, con y bajo” el pan y el vino. Esta opinión fue llamada después “consubstanciación”. Lutero basa su argumento en una lectura literal de las palabras de la institución: “Este es mi cuerpo”.

            Por otra parte, Zwinglio pensaba que esta idea era solo un error materialista que difería poco de la doctrina papista. Tal entendimiento va contra Juan 6:63 “Es el espíritu quien da vida; la carne no vale para nada.” Según Zwinglio este texto contradice claramente la necesidad y la utilidad de una presencia física de Cristo en la Eucaristía; y en el debate constantemente cita esto como prueba de su posición. Además, de acuerdo a Hechos 1:9, Cristo subió a los cielos y esta sentado a la derecha de Dios, y ya que el cuerpo está limitado por el espacio, Cristo no puede estar en el cielo y en los  elementos de la Eucaristía al mismo tiempo. Por lo tanto las palabras de la Institución “Este es mi cuerpo” deben ser interpretadas de una manera figurativa, como “Esto significa mi cuerpo”. Para Zwinglio La Santa Cena era esencialmente una fiesta sagrada en la cual se conmemoraba y se contemplaba en fe, la muerte de Cristo y en la cual los cristianos disfrutaban de un compañerismo trasformador entre ellos. Cristo está presente no físicamente, sino espiritualmente en los corazones de los creyentes.

Lutero rechazaba estas interpretaciones bíblicas de Zwinglio. La palabra “espíritu” y “carne” en Juan 6:63, y en cualquier otra parte de la Biblia, no se refiere a cosas espirituales o carnales, sino a actos espirituales y carnales. Ser de la carne significa hacer cualquier cosa sin fe. Ser del espíritu es hacer todo con la palabra de Dios y a  través de la fe.

            Como dice Lutero: “Lo espiritual no es nada más que lo que es hecho en nosotros y por nosotros a través del espíritu  y la fe, sin importar que estemos tratando con un objeto material o espiritual”. Si la opinión de Zwinglio fuese verdadera, que “la carne no vale de nada” significaría que los objetos físicos no le sirven a la fe, entonces, socava la Encarnación y su necesidad para nuestra redención. En la base de este entendimiento de la carne y el espíritu, Lutero le da vuelta al argumento favorito de Zwinglio: “Sin embargo, nuestros fanáticos están llenos de fraudes y de farsas. No creen que algo espiritual pueda estar presente en algo físico y material, y aseguran que la carne no sirve para nada”. En realidad, todo lo contrario es verdad. El espíritu no puede estar con nosotros excepto a través de cosas materiales y físicas como la Palabra, el agua, el cuerpo de Cristo y de sus santos en la tierra”. En la Eucaristía, Dios no sólo ha previsto la redención del alma del hombre, sino la de todo el hombre, en cuerpo y espíritu. “...La boca come físicamente para el corazón y el corazón como espiritualmente para la boca, y entonces ambos son satisfechos y salvados por un mismo alimento”.

            Con respecto al otro texto concerniente a la Ascensión de Cristo, Lutero arguye que Zwinglio es demasiado literal en su entendimiento de “la mano derecha de Dios”. No se refiere a algún lugar en el cielo sino al “poder sin límites” de Dios que hace posible que el cuerpo de Cristo este presente en cualquier lugar. El argumento de Zwinglio referente a la necesidad de que un cuerpo se circunscriba a un espacio y tiempo es rechazado por Lutero al considerarlo como un mero resultado de la Razón.

 

Cristo: Humano y Divino

Además de sus diferencias fundamentales con respecto a la Eucaristía, también tenían diferentes entendimientos de Cristo. Lutero insiste en la total unidad de las dos naturalezas de Cristo; la naturaleza humana y divina. Para basar su teoría argumentaba lo mismo que los Padres Griegos, que lo que es normalmente atribuido a lo humano puede ser también atribuido a lo divino y vice - versa. Y ya que “Dios nació de Maria”, “Dios murió en la Cruz”, pero también es posible decir que el cuerpo de Cristo es omnipresente (que se encuentra en todas partes). El cuerpo de Cristo está presente en todas partes, pero no está presente para los creyentes en cualquier lugar. Él está  presente para los creyentes cuando añade Su Palabra y se ata a sí mismo, diciendo: “Aquí me encontrarán”. Como en el caso de la Cena, cuando Cristo dijo: "Este es mi cuerpo”.

Para Zwinglio, esta opinión referente a Cristo  confunde terriblemente lo humano y  lo divino. Aunque Zwinglio no niega que en la Encarnación están unidas las dos naturalezas, enfatiza su diferencia. Después de la resurrección, Cristo asciende  corporalmente al cielo y se sienta a la derecha de Dios. Cristo es omnipresente  sólo en su divinidad, no en su humanidad. Es principalmente por virtud de su naturaleza divina que es el salvador de los seres humanos.

“Cristo es nuestra salvación divina debido a la parte de su naturaleza por la cual bajó de los cielos, y no por la cual nació de una virgen inmaculada, sufrió y murió en esta parte de su naturaleza; pero si éste que murió no hubiese sido Dios, no hubiera sido la salvación del mundo”. En la Santa Cena recordamos la muerte de Cristo en la cruz y nos alimentamos con su divinidad en nuestros corazones con fe.

 

El fin del debate de Marburg

Es asombroso que a pesar de tener posturas tan distantes y opiniones tan duras el uno de otro, se reuniesen en el famoso coloquio de Marburg. Realmente no lo hubieran   hecho si no fuese por la poderosa persuasión política del señor Philip de Hesse, en cuyo  castillo se reunieron.

Philip, que era Luterano, deseaba una alianza política  y militar entre los luteranos del Norte de Alemania, ya que desde finales de 1520 todo el protestantismo estaba siendo amenazado por las poderosas fuerzas del Santo Emperador Católico Romano Carlos IV, quien liberado de las guerras  contra los franceses y los turcos,  estaba  en posición de enfrentar la herejía protestante en su imperio.

Philip estaba decidido a juntar a Zwinglio y a Lutero con sus compañeros teólogos para forjar una unión  teológica que  podría  ser la base de una alianza. Se les enviaron invitaciones para asistir  a esta discusión doctrinal en Marburg; Zwinglio la aceptó con entusiasmo; Lutero de mala gana. Se pusieron de acuerdo  en 14 de 15 artículos de fe, pero estuvieron totalmente en desacuerdo en la Eucaristía.

Al principio del Coloquio, Lutero desafió a Zwinglio a probarle que el cuerpo de Cristo no estaba presente en la Eucaristía, Lutero escribió en la pizarra las palabras. “Este es mi cuerpo”, una cita a la que regresaba constantemente  en los debates. Cuando Zwinglio arguyó que  ese pasaje tenía que ser  entendido como una metáfora (como en “Yo soy el vino” y  “yo soy el pan de vida ”), Lutero  le contradijo, diciendo que cualquier interpretación metafórica tenía que ser probada, no asumida, y que  la carga de  la prueba debe caer en aquellos que prefieren la traducción no – literal.

Mientras que Lutero entendía literalmente su texto favorito “Este es mi cuerpo”, también  lo hacía  Zwinglio con el suyo “Cristo subió a los cielos” y “El Espíritu de vida, la carne no sirve de nada”.

En distintos puntos el debate fue duro y reñido; en otros puntos ambas partes parecían buscar ser perdonadas por el otro, por su falta de caridad.

El Coloquio de Marburg solo probó lo que  ya estaba claro en el debate  anterior, que ninguna reunión de las  mentes respecto a este tema central era posible  para dos teólogos con interpretaciones tan diferentes de la Escritura, de Cristo y del Sacramento, En el Coloquio de Marburg, en conclusión,  se llegó a un acuerdo en 14 artículos de fe, pero no en 15.

Tal vez el comentario de Lutero a Martín Bucer, el reformador de Estrasburgo, resuma las bases de las que  partían él y Zwinglio: “No somos del mismo espíritu”. Entonces no es de extrañarse que Philip no pudiese conseguir la unidad  política y religiosa que anhelaba; y el Protestantismo siguiera dividido en estas dos grandes facciones.

 

La preocupación Social de Zwinglio

Algunos eruditos que estudiaron a Zwinglio como liturgista han hablado de la transubstanciación, no de la del cuerpo de Cristo en pan y vino, sino de la del pueblo de Dios en nuevas personas en unidad y amor.

Para Zwinglio el aspecto principal de la Eucaristía no era  el que debatía con Lutero, sobre los elementos de la  comunión y su relación con el verdadero cuerpo y sangre de Cristo. Para Zwinglio, el  aspecto  principal de la Eucaristía era el de  que estaban  en una cena  comida  en celebración, en remembranza  y en acción  de gracias  por  lo que  Dios  había hecho en Cristo, pero también para exhibir la transformada hermandad de creyentes.

A menudo se olvida este  punto. Tal vez, por el debate con Lutero, Zwinglio se desvió de sus opiniones principales sobre  la Eucaristía.

La opinión de Zwinglio con respecto a la comunidad  Cristiana  fue la  contribución más importante a su época. Estaba  en el corazón  de la Reforma  Suiza. La Iglesia no es sólo una colección  de individuos, cada uno haciendo sus cosas, recibiendo gracia de  diferentes  maneras, sino más bien, es una comunidad genuina, una en  cuerpo y en espíritu, que tienen en común la gracia de Cristo y da los frutos del Espíritu, los frutos de Cristo y los del Espíritu de Dios. La unidad se extiende mas allá de los asuntos del espíritu, va  hasta  los asuntos del cuerpo, es decir, a la preocupación social por toda la comunidad.

Para Zwinglio, la observancia actual de la Santa  Cena  debía  ser alrededor de una mesa, en medio de hermandad, y el  pan y el  vino debían pasar del   Pastor a  los asistentes y luego de un adorador al otro, como símbolo de la dimensión horizontal de la Eucaristía; éste es el sentido más grande  de  comunidad. Para Lutero, los  elementos que contenían  el cuerpo y la sangre de Cristo iban directamente  del Pastor a cada  individuo,  como símbolo de la dimensión vertical, del perdón de los pecados.

En el culto dominical, Zwinglio redujo el número de servicios Eucarísticos sólo a 4 veces al año, mientras que Lutero lo hacía todos los domingos. Para Zwinglio era muy importante la prédica de la Palabra y desarrolló su liturgia de la Palabra, u orden del servicio, que giraba en torno a la Palabra más  que a la Eucaristía. Para él, la prédica de la palabra era   un tipo de acto sacramental. Por otra parte, Lutero mantenía la unidad de la Palabra  y el Sacramento en el servicio  de adoración, o Misa.

Pero la Eucaristía nunca perdió importancia para Zwinglio. Casi al final de su carrera dijo que los  sacramentos incrementan y apoyan  la fe  y que  es sobre todo la Eucaristía  la que  lo hace.

Debido a los asuntos debatidos  con Lutero, a menudo se ha alegado que Zwinglio no creía en la presencia real de Cristo en la  Eucaristía. Él  no quería  que se entendiese  así  y enfatizó  “Creo que  el cuerpo real  de Cristo es comido en la Cena, sacramentalmente y espiritualmente  por los  religiosos, fieles, de mente pura, como lo sostiene también  San Crisóstomo”.

Para Zwinglio, la Santa Cena es un festín de amor donde los fieles deben mostrar la hermandad  de creyentes unidos en amor, en cuidado mutuo y en servicio. Cuando hacen esto, Cristo está allí por su Espíritu.

Que irónico fue  que el servicio de la comunión, que representa  dramáticamente  la oración de Cristo por la Unidad  Cristiana, haya sido el punto que  dividió a Lutero y a Zwinglio. Pero desdichadamente, no fue ni la primera ni la  última vez de la división entre cristianos.

Sólo podemos conjeturar cómo habría cambiado la faz del Protestantismo, el mapa de Europa y las configuraciones políticas y  religiosas del siglo XVI si el Hércules Alemán y el Gigante  Suizo hubiesen podido limar sus diferencias con respecto a la Eucaristía.

 

 

El Pastor, ¿Quién es el verdadero Pastor?

 

En su histórico sermón predicado el tercer día de la segunda disputa de Zurich, Zwinglio explicó su  entendimiento del ministerio en un  largo mensaje. En este artículo el Dr. Fritz Busser discute el tema central de este  entendimiento de la naturaleza del Ministerio, según el sermón del “Pastor”.

 

Por Fritz Busser

 

El primer evento crucial que marca el inicio visible de la Reforma en Zurich viene de la Primera Disputa de Zurich. El 29 de enero de  1523, donde el alcalde  y los miembros del consejo decretaron “Que el Master Ulrich Zwinglio continúe predicando el Santo Evangelio y la verdadera  Escritura  divina,  como lo ha venido haciendo  desde hace  mucho tiempo hasta  ahora y hasta  que se  le den instrucciones diferentes”.

En la segunda disputa de Zurich, del 26 al 28 de Octubre del  1523 ya se habían discutido las reformas de la iglesia sumergidas  en la prédica bíblica Zwinglio que fue aprobada oficialmente en Enero. Algunas reformas fueron aprobadas, como la abolición de imágenes y  de la Misa. Durante esta Segunda Disputa, Zwinglio enfatizó especialmente dos temas: La importancia absoluta y la  autoridad primaria de las Escrituras como la Palabra de Dios, y la  naturaleza del ministerio, que puede ser entendida como nuestra respuesta  a su  Palabra.

En el tercer día de esta  disputa, Zwinglio dio su largo sermón “El pastor”; actualmente  llamado “Cómo puede uno reconocer a los  verdaderos pastores cristianos de los falsos, y cómo debe uno comportarse con  relación a ellos”. Este sermón fue dado ante  una gran audiencia de miembros del consejo y el clero de la ciudad y del país, probablemente  900 personas.

Antes de revisar los pensamientos expresados, debemos recordar  que esa audiencia estaba profundamente conciente de este  desconcertadamente contexto histórico en el que vivían. Grandes cambios, tanto espirituales como  materiales, los presionaban por todos lados, en proporciones casi  apocalípticas. Fue en este  mundo donde Zwinglio planteó la pregunta de cómo se podía reconocer a los verdaderos pastores de los  falsos y en qué consistía su ministerio. Su exposición de los buenos pastores frecuentemente toca tres ministerios, el de la revelación, la reconciliación y la revolución; y al mismo tiempo las tres virtudes cristianas principales, la fe, la esperanza y el amor.

 

La Revelación.

El buen pastor Jesucristo fue el primero en realizar el primer ministerio, el que la Iglesia, los pastores y todos nosotros estamos llamados a realizar, y este es el  ministerio  de la revelación, el ministerio de la proclamación del evangelio. Zwinglio lo explica así. “Basándose en la palabra de Dios, el pastor debe conducir a sus  encargados al entendimiento de su  enfermedad. Si la entienden y se dan cuenta que no pueden ser salvados por su propio poder, él les debe conducir  a la gracia de Dios para que ellos puedan  confiar  libremente  en él. Por que Dios  nos ha dado  como prueba cierta de su  gracia a su único hijo, Jesucristo  nuestro Señor, por medio del cual  tenemos acceso a Dios” (Romanos 5:2.)

El reconocimiento de la miseria y el pecado, la gracia  y confianza, el discipulado  agradecido, estas tres partes de la proclamación Evangélica Reformada no se hallan sólo en el  resumen  de la fe Cristiana, en la  pregunta dos del catecismo Heidelberg, si no  que  ya se  encontraban en la descripción  que hace Zwinglio del buen pastor, 40 años  antes.

Él dice  que este ministerio exige la auto negación  y uno debe  dejar  al padre  y a la madre, como en el  matrimonio  si es necesario. Exige también   una confesión  valiente y firme; una oposición contra  todas  las tentaciones internas y externas. Aquí está  en juego un discipulado  ejemplar de Cristo; es una cuestión  de cruz, lucha  y muerte.

Este ministerio no sólo exige lindas palabras, sino una coherencia total entre  palabras  y acciones, exige un discipulado a Cristo, una  identidad  con Cristo. Zwinglio dice: “Así como Cristo,  se levantó de entre  los muertos, así  también ellos, haciendo de lado al viejo ser, se pondrán  un nuevo ser [Efesios 4:22-24] que es como Dios, como Jesucristo. Ponerse el nuevo ser es vivir como él vivió”.

“El pastor debe  evitar  especialmente: Ponerse un vestido hipócrita en vez de uno genuino; ocultarse con capuchas y mantos cuando  su interior  está lleno de avaricia (Como muchos de los  monjes  y teólogos de estas épocas); inclinarse, pero  tener  una  disposición arrogante; llevar puesta una camisa  blanca pero ser  más incasto que el  jabalí salvaje; usar  sombrero y zapatos  de taco alto, pero estar lleno de envidia y  odio; murmurar salmos pero abandonar la palabra de Dios, etc.”  “Quiere decir  que no sea hipócrita, como  un lobo con piel de cordero,  y que  sepa  que una  vida ejemplar enseña más  que mil palabras”.

Además de las exigencias  hechas a los pastores, Zwinglio enfatiza  el consuelo y la confianza que debe  hallar  el pastor  en  la proclamación del evangelio, sabiendo que Dios lo ayuda  en la  lucha sin fin, proveyéndole de todo lo que necesita: del  alimento  temporal y sobre todo de la fuerza, el  coraje, el gozo,  la paciencia y la perseverancia, a través del Espíritu Santo.

 

La Reconciliación

En segundo  lugar, la  reconciliación, el Milagro de la cruz de Cristo. Principalmente un  buen Pastor es reconocido por  su comportamiento  con relación a las  cosas  externas. En principio, el pastor, o como prefiere llamarlo Zwinglio, el  profeta, debe  llevar a cabo la comisión  que Dios le dio  al  profeta Jeremías: Luego el Señor extendió su mano y tocándome la  boca me dijo: “He puesto en tu boca mis palabras. Mira,  hoy  te doy  autoridad sobre  naciones  y reinos, para  arrancar y  derribar, para destruir y demoler, para  construir  y plantar” (Jeremías 1:9-10)

Básicamente, el ministerio de la reconciliación consiste  en la  revelación   y proclamación  del evangelio, en el  perdón de los  pecados  y en la devoción  a todos aquellos  que en este mundo son miserables, enfermos, prisioneros  y perseguidos, a los  agobiados y a los que sufren. Por esta razón, Zwinglio menciona  las obras del profeta  en el  Nuevo Testamento: que  Cristo  tenía gran simpatía  por los descarriados y que  enseñaba amigablemente; que si  alguna  vez tenía que  reprenderlos, no los  censuraba  tan  severamente  como lo hacía con los curas engañosos.

Es parte  del ministerio de reconciliación, de la labor  profética, el luchar contra  la violencia  y los vicios, el oponerse  inexorable e inmisericordemente contra el propio interés, avaricia, envidia y  especialmente  contra  cualquier  forma  de hipocresía e idolatría. En esta  lucha  se hace evidente quien  es realmente  seguidor de Cristo.

Se muestra  esto en los  ejemplos que  pone  Zwinglio.

Moisés  ante el Faraón  (El sujeto de tiranía y opresión),  Samuel  ante  Saúl (“La obediencia es mejor que el sacrificio”) Nathan ante  David (Adulterio y asesinato), Elías contra  los profetas de Baal en el  Monte  Carmelo y ante  el Rey  Nahab (asesino de Naboth), Juan el Bautista ante Herodes (Herodias) y el  mismo  ejemplo  de Cristo. Estos profetas demostraron  en sus propias vidas  que el ministerio de revelación, proclamación y reconciliación involucra la muerte.

Por otra  parte, es precisamente este  ministerio el que  prueba  que lo de la cruz tiene  poder. La muerte  reconciliadora de Cristo, que  es  la fe en el  Cristo levantado (resucitado), quita todos  los  temores. Morir por  y con Cristo  es el  mayor  honor posible.

Es precisamente  en esta parte del Pastor donde  encontramos las más famosas palabras de Zwinglio: “La armadura es no temer”.

Mal interpretaríamos completamente la prédica de Zwinglio sobre reconciliación, sino tomásemos  en cuenta  que no son  sólo  los padres los pastores. En principio, cada  cristiano  está  comprometido  en el  ministerio de  Dios, en el  ministerio  de la  reconciliación. Cada  uno  debe cuidar  a su hermano, aún más  los pastores  y las  autoridades  civiles en virtud a su  posición prominente  y responsable.

En esa época Zwinglio no tenía  necesidad  de decirle  esto a su  audiencia. Los miembros de los  concilios pequeños  y grandes de Zurich que  lo estaban escuchando se reunían regularmente  en el  consejo para  vigilar y debatir los intereses de su pueblo y de sus  ciudadanos; para tomar decisiones y promulgar leyes, como “Sirvientes de Dios para  el bien”, pero también  como “Sirvientes de  Dios  para  ejecutar  su ira y castigar  al  malhechor”, si  fuese necesario hasta  con la  espada (Romanos 13: 4). Fue  precisamente  este  gobierno quién  convocó  a las dos  disputas  para el  honor  de Dios  y para  beneficio  de la  ciudad.

Los años  siguientes este  concilio y los  habitantes  de  Zurich siempre apoyaron a Zwinglio en la  implementación de sus  planes  para  la reforma  de la iglesia y la  sociedad.            Eran  ellos  los que  tenían  la  responsabilidad  real. Sólo ellos  tenían  la  competencia necesaria para  abolir imágenes, el  celibato, los  monasterios y la  misa. Con  los  ingresos  obtenidos  por la  secularización de los  monasterios, financiaban   el cuidado de los  pobres y de las  escuelas. También le  dieron  a la iglesia reformada su reglamento de orden, incluso el  orden  de  adoración. Le dieron a Zurich  una ley  matrimonial  que  hoy sería  ejemplar. Finalmente, estos miembros  y ciudadanos se  fueron a  la guerra  junto a Zwinglio a causa  de su  fe, y  muchos  de ellos  murieron  con él  campo de batalla. Pero seamos claros,  par Zwinglio, el servicio  militar  era parte  de este  ministerio  de reconciliación. Él no era pacifista ni mucho menos militarista, pero  como  cristiano creía que debía  ser un  buen  ciudadano y por lo tanto  también  sujeto al servicio militar.

Debemos tener  en cuanta  que el  Zurich  del siglo XVI era un  Hábeas Permixtum, una república  cristiana, donde  todo  ciudadano libre era cristiano. La población del pueblo era  exactamente la misma  que la  de la iglesia. En este  organismo divino y humano la justicia junta.

 

 La Revolución

La revolución  es el  tercer punto. La Revolución  y el  cambio pertenecen  necesariamente  al ministerio del buen  pastor, de la  Iglesia,  y de todos  los cristianos y ciudadanos; complementando e implementando la  revelación  y la reconciliación.

La revolución y el  cambio  empiezan en nuestros  corazones  por el  amor. Zwinglio comienza y termina  su exposición  en el  amor  con  dos  percepciones. Al comienzo usa  una  palabra  bien  conocida: “Por lo  tanto, el amor  es necesario para  que  todas  las cosas sean  juzgadas  y  medidas por él. Porque el carpintero no puede  estar  seguro sólo con  sus ojos, también necesita  usar  una regla. Toda  la  valentía, la  habilidad  y la  fe son nada sino son juzgadas de acuerdo  al amor”.

Como se señala en Corintios 13:4-8: “El amor  es paciente, es  bondadoso. El amor  no es envidioso ni fantasioso ni orgulloso,  no se comporta con rudeza, no se  deleita en la  maldad  sino  que se regocija con la  verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo  lo espera, todo  lo soporta. El amor  jamás  se  extingue  ni se  equivoca”. Aquí ven el tipo de amor necesario  para el  pastor  antes  que  las  otras  virtudes  divinas”, al final, Zwinglio escribe:

“Entonces un verdadero pastor no debe buscar recompensa. Porque si  confía en la  recompensa segura, entonces la fe  esta  seguramente  allí. Y si es así, viene  el amor”.

Y si se tiene  amor  y fe, por esto se  hace  el  trabajo y no  por  la paga. Los sirvientes esperan la paga, pero los  hijos no, sino  que trabajan  con lealtad a la casa de su padre, dejando  que el  modo  y forma  de pago sean  determinadas por su  padre. Ahora  somos  los  hijos  de Dios [Gálatas 4:7] y co- herederos con Cristo (Romanos 8:17.)

Para  no ser  malentendidos, debemos  mencionar  que  Zwinglio no habla  de una paga en dinero. Cuando habla  sobre  el  trabajo, sobre  el amor  practicado  en hechos, tiene  en mente  el ministerio que surge  verdaderamente  del amor, es  decir “de Dios”, conducidos por el Espíritu Santo  de Dios, y también animados y fortalecidos  por él. Se entiende  entonces  que el llamado de justicia es también  parte  de éste  amor. Sin embargo, los  buenos  pastores no  deben  olvidar que el  ministerio de la  revolución pertenece, antes  que  nada, a los  otros dos  ministerios, al ministerio de revelación, al de proclamación del evangelio, y al ministerio de reconciliación.

 

 

EL MUNDO  DE   ZWINGLIO

 

50 años  que cambiaron con fe,  fortuna, alimento y lugares remotos. Fue una era de cosechar  los  beneficios  de los  eventos  de  1450,  cuando  Constantinopla cayó ante los  turcos que amenazaban toda Europa y la  innovación de la  imprenta de tipos móviles de Guttenberg les dio a muchos el privilegio de sacar sus  propias  conclusiones.

            Durante   la vida  de Zwinglio, de sólo 50 años, los  eruditos de la  iglesia cuestionaron  la fe  enseñada por  Roma, y  valientes exploradores  hicieron a un lado  antiguos  mitos y temores  para  descubrir nuevos horizontes. Un mundo al  encuentro  de nuevos tipos de comercio, incluyendo las  especies de islas  exóticas. Un mundo que se volvía más  fuerte, en Inglaterra, Francia y España. Un mundo  equipándose con  gigantes, con familias adineradas como  los  Medici y  los  Fuggers, con genios de la  talla de Miguel Ángel, Da Vinci y  Rafael, con líderes resueltos como Colón, Enrique VIII, Fernando e  Isabel, y Lutero. Era  una época en que  la gente  tenía  esperanzas  en los poderes principescos y también  en las  ideas  personales. Era  una  época  que empezaba  a cambiar a pasos  acelerados, pero  aún  uno  podía ser  quemado por  hereje.

 

 

AÑO Y EVENTO

 

1483

Nace Martín Lutero

 

1484

Nace Huldrych Zwinglio en Wildhaus (Toggenburg) en el  cantón de San Gall.

 

1492

Cristóbal Colón, con  3 barcos  y 78 hombres  salen  a  navegar  el 6 de Septiembre, después abortar  el primer  intento; llegan a las Bahamas, creyendo haber llegado  a las  Indias del Este.

El geógrafo de Nuremberg, Behain, constituye el primer  globo terrestre.

Leonardo Da Vinci dibuja  una  máquina voladora; surge  la profesión de publicador, fundidor de tipos, impresor y  vendedor  de libros.

 

1943

Maximiliano I es el Santo Emperador Romano.

La Dieta  Imperial  de Worms intenta  modernizar  el Santo  Imperio Romano; se proclama  la Paz  perpetua.

 

1498

Vasco de Gama  establece la ruta marítima entre  Portugal  e India.

Savanarola es quemado por hereje  en la  hoguera, en Florencia.

 

1499

Guerra entre  la liga Swabiana y los  Cantones Suizos.

La  victoria  Suiza fuerza el tratado de Basilea que garantiza la independencia Suiza.

 

1501

El Enquiridión de Erasmo promete una  cristiandad  basada  en el  Sermón de la  Montaña.

Miguel Ángel termina la Piedad.

 

1502

La Universidad  de Wittenberg es fundada por  Federico, elector  de  Sajonia.

 

1503

Se termina  la construcción de la  Catedral  de  Canterbury después  de 436 años.

DaVinci  pinta la Mona Lisa.

 

1506

 La nueva geografía  de Waldseemuller propone  que el  Nuevo Mundo  sea  llamado “América”  en honor  a  Américo Vespucio.

La Dieta  de Constanza reconoce  la unidad  del Santo  Imperio  Romano.

Martín Lutero es ordenado.

 

1509

Erasmo escribe  el  “Elogio a la  Locura”,  en la  casa  de Tomás  Moro.

 

1513

Giovanni de Medicci se  convierte  en el Papa León X, una  de las  pruebas  más  severas  que Dios  impuso a su  pueblo.

Se expanden las rebeliones de campesinos hacia el  este  de Suiza.

 

1515

La Batalla de Marignano define  la  victoria decisiva de los  franceses  ante  los suizos y venecianos; los suizos mantienen los  pases alpinos y los  franceses obtienen el  derecho de enlistar a mercenarios suizos.

El concilio Laterano prohíbe  la impresión de libros  sin el permiso de las autoridades católico – romanas.

Se presencia la ruta Suiza en la  “Batalla de Gigantes”en  Marignano.

Escribe  una  sátira de la  guerra mercenaria, “el  Laberinto”, haciendo  un  llamado al amor cristiano y a la  hermandad y al  fin de la  violencia.

Conoce  a Erasmo, el humanista sueco.

 

1516

Fuera  de las  movidas francesas de Glarus, se  muda  a Einsiedeln.

Tiene un romance con la  hija  del barbero local.

 

1516-1517

Lee la traducción del Nuevo Testamento de Erasmo, Novum Instrumentum

El Papa Julius II convoca al concilio Laterano para emprender las  reformas en los  abusos  de la Iglesia en Roma.

 

1517

Martín Lutero pone las 95 tesis  en protesta  por la venta  de indulgencias.

1518

Es nombrado Leutpriester en el  Grossmcinster de Zurich.

 

1519

Comienza la serie del Nuevo Testamento, señalando la Nueva  era  de la Prédica Bíblica.

Ministra a las  víctimas  de la  plaga en Zurich, cae  enfermo con plaga durante  3 meses.

Conduce a Zurich a retirarse  de la alianza  con la  Francia Católica.

Se les prohíbe a los mercenarios  de Zurich alquilarse a Francia.

 

1521

La Dieta de Worms; Lutero no se  retracta.

Se  consigue  que los  príncipes alemanes retrocedan.

Empieza la traducción de la  Biblia en Alemán.

 

1522

Asiste  al partido  del  impresor  Christopher Froschaver, donde se rompen las reglas de Lenten; escribe "Libertad de elección  en las comidas” para oponerse al ayuno.

Se casa en secreto con la viuda Anna Reinhart; firma un memorial junto a 10 ministros  pidiéndole al obispo de Constanza aprobar el matrimonio.

Forma un círculo de cleros  jóvenes  y humanistas, Grebel, Manz, Reublin, Brotli, Stumpf.

Escribe los Archeteles Apologeticus, su testimonio de fe.

Renuncia al  concejo de la  ciudad como pastor  evangélico.

 

1523

Bajo el auspicio del Concilio de Zurich, invita  a la  Europa cristiana a la  disputa pública de las  95 tesis; el Concilio le  autoriza seguir  predicando el Evangelio.

Escribe “De la justicia  humana y divina” para  defender la negación del concilio a  modificar la legislación  de diezmos.

Realiza el segundo debate  público sobre las imágenes  y la  misa, recomienda que el  concilio autorice la eliminación de imágenes.

 

 

1524.

Se casa  públicamente con su  esposa.

 

1525

Disputa pública por el  bautizo de niños pequeños.

Redacta la línea de batalla para los  seguidores antiguos, Grevel y otros.

Escribe 2 panfletos anti- anabaptistas, “Del Bautismo” y “Del oficio de Predicar”.

 

1526

En Marzo convence  al Concilio para  proclamar un edicto autorizando la ejecución  de Anabaptistas.

Después de la  asamblea suizo – católica en Beden, decide que debe  mantenerse la unidad  suiza incluso con la  fuerza.

 

1528

Acepta  la invitación de Berna a un debate público, teniendo como resultado la eliminación de la  misa, de las  imágenes y de los altares.

 

1529

Acompaña  a las fuerzas de Zurich a la primera  guerra de Kappel.

En Octubre  conoce  a Lutero, en los 4 días  de discusión convocados por Philip, señor de Hesse.

 

1531

Consigue  el apoyo  francés a la  reforma, permitiéndoles  contratar a los mercenarios suizos.

Vestido con armaduras, se une  a las  fuerzas el 11 de octubre  y es asesinado.

 

1532

Calvino empieza el movimiento  protestante en Francia.

 

1534

Acto de Supremacía, Enrique VIII es declarado la suprema cabeza de la  Iglesia en Inglaterra.

Ignacio de Loyola Funda la Compañía de Jesús para  difundir la  oposición a la reforma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

Los setenta y siete  Artículos de Ulrich Zwinglio (1523).

 

Ulrich Zwinglio (1484 -1531), pionero del  protestantismo en Suiza, es a veces, llamado “el tercer hombre” de la Reforma, después de Lutero y Calvino. Sin importar  su posición para la  posteridad, Zwinglio fue un  actor muy  importante  en el drama de sus  tiempos. Recibió una  buena  educación en la  Universidad  de Basilea y en  otros  centros  del Renacimiento,  fue ordenado como sacerdote  y se  dedicó arduamente al  estudio  de la erudición renacentista (especialmente  al  Nuevo  Testamento  Griego de Erasmo 1516). P

Poco después, mientras  era párroco en Einsiedeln, Zwinglio tuvo una  experiencia evangélica de la  gracia de Dios, similar a la  experiencia  de Lutero. Sin embargo, la  teología de Zwinglio estuvo poco influenciada  por Lutero. Surgió directamente de  sus experiencias en Einstedein. Allí  se realizaban  peregrinajes al  Santuario de la  Virgen María y esto le  preocupaba mucho.

En 1519 llegó  a ser sacerdote en la  Iglesia  principal  de Zurich. Allí sus conferencias y sermones del  Nuevo Testamento fueron  tomando un tono reformador contra  los abusos  en la   Iglesia católica y hacia la reconstrucción de la fe y la práctica. Zwinglio condujo a Zurich al protestantismo y tuvo gran influencia en otros cantones  Suizos como promotor de “la fe reformada” (distinta de los luteranos).

Durante su vida fue hombre de actividad y controversia. Antes de morir en el campo de batalla peleando contra los enemigos católicos, publicó varias obras importantes, destacando una agenda completa para la reforma. Sin embargo, no todos los protestantes estaban de acuerdo con sus enseñanzas.

Lutero y sus seguidores sostenían que la opinión de Zwinglio sobre la Santa Cena la convertía en un mero símbolo inútil. Los anabaptistas, algunos de los cuales habían sido sus discípulos y amigos, se quejaban de que los propios principios de Zwinglio lo hubiesen conducido a repudiar el bautizo de los niños pequeños. Y también lo criticaron por permitir que el concejo de la ciudad tuviese tanto control sobre los asuntos de la iglesia.

Al comienzo de su carrera como reformador, Zwinglio ya había esbozado su posición  respecto a muchos temas controversiales en la  época de sus  67 artículos. Este  documento puede  ser justamente  considerando la primera confesión protestante.

A diferencia  de las 95 tesis  de Lutero, esta  hablada de una  gran variedad de doctrinas y prácticas. También le  daba  gran atención  a los movimientos protestante.

Zwinglio preparó su artículo para una disputa pública, en la que tenía que debatir con el  vicario general de Constanza, el 29 de enero de 1523. Cuando el Vicario decidió no  contestar los artículos ante la multitud de 600 personas, el concejo de Zurich aprobó la posición de Zwinglio y  encomendó a los  ministros del Cantón  predicar  solo lo que  se  basaba en las Escrituras. Los  artículos de Zwinglio fueron los primeros de una  larga  lista  de  importantes confesiones Suizas de la  Reforma, como las  Diez Confesiones de Berna (1528), la Primera Confesión Helvética (1536) y la Segunda Confesión  Helvética (1566).

Estos  artículos enfatizan la sola supremacía de la  Escritura (especialmente en la introducción  y en la conclusión), sostienen el centralismo de  Cristo y sus obras (3, 6, 19, 50, 54). Definen a la  Iglesia  en categorías  espirituales en vez de institucionales (8). Critican los  malos efectos de la tradición (11,23- 27). Recalcan  que la  prédica  es el corazón del ministerio público (14,62). Definen cuidadosamente  la autoridad del estado como superior, en su propia esfera, a la  iglesia (35-43). Y chocan contra  lo que  Zwinglio creía eran  los errores católicos de la  Misa (18), la prohibición del  matrimonio clerical (28-29), y el purgatorio (57-60). Posteriormente  otros protestantes suizos modificarían  algunas de estas  afirmaciones.

Pero estos 67 artículos, con variaciones definirán una  postura  que sigue  siendo influyente  en la posición  protestante de nuestros días.

 

 

Los setenta y siete artículos de Ulrich Zwinglio (1523)

 

Yo, Ulrich Zwinglio, confieso que he predicado en Zurich estos 67 artículos  u opiniones basadas  en la  Escritura, que  es llamada Theopneustos (es decir, inspirada por Dios). Me ofrezco a defender y a  justificar estos artículos con la Escritura. Pero si no he  entendido correctamente la Escritura, estoy listo para ser  corregido, pero solo con base en la  Escritura.

 

1.      Todos aquellos  que dicen que el Evangelio es nada sin la confirmación de la Iglesia, se equivocan  y blasfeman a Dios.

2.      El resumen del Evangelio es que  nuestro Señor  Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, nos ha hecho conocer la voluntad de su Padre Celestial, nos ha redimido de la  muerte  por su  inocencia y nos ha reconciliado con Dios.

3.      Por lo tanto, Cristo es el único camino de salvación para todos  los que han sido, son y serán.

4.      Quién busque o señale otro camino hacia Dios  es un asesino de almas y un ladrón.

5.      Por lo tanto, aquel que le dé igual o más honor a otra enseñanza además del Evangelio se equivoca y demuestra que no conoce lo que  es el Evangelio.

6.      Porque Jesucristo es el  Pionero y el Capitán prometido y dado por Dios para toda  la raza humana.

7.      Es él la Salvación eterna y la  cabeza de todos los  creyentes. Pero sin él, el cuerpo está muerto y no puede hacer nada.

8.      Entonces, primero los que  viven en esta cabeza son miembros e hijos de Dios. Esta es la  Iglesia o la Comunión de los  Santos, la novia de Cristo, la Ekklesia Católica (Iglesia Universal).

9.      Segundo, así como las  partes del cuerpo no pueden hacer  nada sin la conducción de la Cabeza, así, en el cuerpo de Cristo, nadie puede hacer nada  sin la cabeza, Cristo.

10.  Y así como cuando las partes del cuerpo hacen algo sin la  cabeza, se hieren y se  dañan, así también los miembros de Cristo, al hacer algo sin la  cabeza, que es Cristo, son insensatos y terminan atacándose a ellos mismos y agobiándose con leyes imprudentes.

11.  De esto podemos ver que las llamadas tradiciones eclesiásticas con  su pompa e imperio, con su  estatus social, títulos y leyes, son una fuente de toda clase de locuras, ya que  no están de acuerdo con la cabeza.

12.  Por lo tanto, se ponen  furiosos, no por culpa  de la cabeza. Gracias a Dios, en nuestros días se ha puesto atención a este  asunto. Ellos  no estarán furiosos por siempre, sino que  serán conducidos a escuchar solo a la cabeza.

13.  Cuando  la gente presta atención a la  palabra de Dios, aprende clara y sencillamente  la voluntad de Dios, son atraídos  hacia él por su Espíritu y son convertidos a él.

14.  Por lo tanto, todos los cristianos deben ocuparse de ver que  el Evangelio de Cristo sea predicado en todo lugar.

15.  Porque  al creer el Evangelio somos salvados, y al no creerlo somos condenados, porque toda la verdad esta claramente contenida en él.

16.  En el Evangelio, aprendemos que las enseñanzas y las  tradiciones de los  hombres no nos sirven de nada para la salvación.

 

¡Papa, pon atención a lo siguiente!

17.  Cristo es el único sumo sacerdote eterno y los que  se creen sumos sacerdotes se oponen e incluso repudian el honor y el poder de Cristo.

 

De la Misa

18.  Cristo, que se ofreció a sí mismo como sacrificio, es para la  eternidad un sacrificio perdurable y eficaz por los pecados de todos los creyentes. Por lo tanto, concluimos  que la  Misa no es un sacrificio si no un memorial del sacrificio y un sello de redención que Cristo hizo para nuestro bien.

 

La Intercesión de los Santos.

19.  Cristo es el único mediador entre  Dios y nosotros.

20.  Dios nos quiere dar todo en su nombre. Por lo tanto no necesitamos de ningún otra mediación excepto la suya.

21.  Cuando oramos por nosotros en la tierra, lo hacemos de tal manera que confiamos que todas las cosas nos serán entregadas sólo a través de Cristo.

 

Las Buenas Obras.

22.  Cristo es nuestra justicia. Por lo tanto, concluimos que  nuestras obras serán  buenas en cuanto sean de Cristo, pero mientras sean sólo nuestras, no sean justas ni buenas.

De cómo la prosperidad del clero debe ser Cristo.

23.  Cristo condena la prosperidad y el esplendor del mundo.

Por lo tanto, concluimos que los que acumulan riquezas para ellos mismos en su nombre, lo difaman monstruosamente al hacer ostentación por su propia avaricia y capricho.

 

La Prohibición de Comidas.

24.  Los cristianos no están obligados a hacer cosas  que  Dios no ha condenado. Pueden comer todas las comidas. De esto aprendemos que los  decretos que regulan el consumo de pan y queso son un fraude romano.

 

De los Festivales y Peregrinajes

25.  Los tiempos y los lugares han sido sujetos a Cristo, y no los  cristianos a ellos. De esto, se debe  saber que los  que  atan a los cristianos a tiempos y lugares les roban su propia libertad.

Capuchas, insignias y similares.

26.  Nada es más desagradable a Dios que la hipocresía. Concluimos que todo lo que se hace espléndido ante los hombres es una gran  hipocresía e infancia. Como las capuchas de los monjes, insignias, tonsuras y similares.

Órdenes y sectas.

27.  Todos los cristianos son hermanos  de Cristo unos con otros y no deben llamar “Padre” a nadie. Esto va también  para las órdenes, sectas, pandillas y similares.

 

El matrimonio del Clero.

28.  Es propio todo lo que Dios  permite  o no ha  prohibido. De esto sabemos que el matrimonio es propio para todos.

Los sacerdotes impuros deberían tomar una esposa.

29.  Todos los que  están en la iglesia pecan si no  se aseguran con el matrimonio para preservar su pureza.

 

Votos de Pureza.

30.  Aquellos que hacen un voto de castidad, asumen tonta o infantilmente demasiado. De esto aprendemos que los  que hacen  tales votos están tratando irreflexivamente a la gente.

 

De la Excomunión.

31.  Ninguna persona privada puede excomulgar a alguien más, pero la Iglesia, que es la comunión en la cual vive el sujeto  a ser excomulgado,  con sus  guardianes puede actuar  como obispo.

32.  Sólo se puede excomulgar a  aquel que  haya cometido un escándalo público.

 

De los bienes no reclamados.

33.  Los bienes no reclamados no deben  ser entregados a los templos, claustros, monjes, sacerdotes ni monjas, sino a los necesitados, en caso de que  sea imposible regresarlos a su dueño legítimo.

 

De las autoridades.

34.  El llamado estado espiritual no tiene justificación en las enseñanzas de Cristo, debido  a su esplendor.

 

La Autoridad Secular de Dios.

35.  Pero la autoridad secular tiene un justo poder y es apoyado por  las  enseñanzas y  acciones de Cristo.

36.  Todo lo que el llamado estado espiritual reclame por  derecho o por  protección de sus derechos, pertenece propiamente a las autoridades seculares, si se consideran cristianos.

37.  Todos  los cristianos sin excepción deben ser obedientes a estas autoridades.

38.  Mientras que dichas autoridades no manden nada que vaya en contra de Dios.

39.  Por lo tanto, todas las leyes seculares deben ir de acuerdo a la  voluntad divina, es decir, deben proteger al oprimido, aun cuando el oprimido no se queje.

40.  Solo estas  autoridades pueden condenar a alguien a muerte sin provocar a Dios. Pero sólo se ejecutará  a aquellos que han cometido un escándalo público, a menos que Dios haya decretado lo contrario.

41.  Si los gobernantes seculares sirven adecuadamente con consejos y ayudan a los  que Dios les ha encomendado, ellos, a cambio deben ofrecerles el sustento corporal.

42.  Pero si los gobernantes actúan infielmente y no de acuerdo a los principios de Cristo, deben ser reemplazados por Dios.

43.  En resumen, el mejor gobierno y el más seguro es donde el gobernante gobierna con Dios, y el más perverso e inseguro es donde el gobernante gobierna de acuerdo a su propio corazón.

 

De la Oración.

44.  Los verdaderos adoradores son los que  acuden a Dios en espíritu y en verdad, sin tanta alharaca ante los hombres.

45.  Los hipócritas hacen las cosas para  ser vistos ante  los hombres; ellos recibirán su recompensa en esta era.

46.  Entonces, el cantar y clamar en la  iglesia sin devoción o para alabarse a sí mismo, es hecho sólo para renombre o provecho de los hombres.

 

De la Ofensa.

47.  Es preferible que  una persona sufra una muerte física antes de ofender a un cristiano o conducirlo a la  desgracia.

48.  A aquel que ofenda por imbecilidad o ignorancia, sin causa alguna, no se le debe  permitir seguir enfermo o de mal espíritu, sino más bien  debe ser nutrido e instruido para reconocer lo que  es pecado de lo que no lo es.

49.  No conozco ofensa más grande que la de no permitir  que los sacerdotes tengan esposas legales, mientras si se les permiten tener concubinas ¡Que desgracia!.

 

Del Perdón de los Pecados.

50.  Solo Dios perdona los pecados, solamente a través de su hijo Jesucristo, Nuestro Señor.

51.  Quién quiera que atribuya este  poder a la  criatura, le quita la gloria a Dios y se  la otorga alguien más. Esto es idolatría.

52.  Por lo tanto, confesarse a un sacerdote o prójimo no debe ser hecho para  conseguir el perdón de los pecados, sino para recibir consuelo.

53.  Las obras de satisfacción (a excepción de la excomunión), son producto de la mente humana; no quitan el pecado y han sido impuestas sólo para  aterrorizar.

 

El Dolor de Cristo expía nuestros pecados.

54.  Cristo ha cargado con nuestros pesares y trabajos. Si alguien hace penitencias, que solo le pertenecen a Cristo, se equivoca y blasfema a Dios.

 

Negar el perdón.

55.  Quien se rehúse a remitir los pecados de una persona arrepentida, no está actuando en lugar de Dios o Pedro, sino en lugar del demonio.

56.  Quién perdone los pecados por dinero, es camarada de Simón y Balaam y es un apóstol del demonio.

Del purgatorio.

57.  La Verdadera y Santa Escritura no dice nada del purgatorio después de esta vida.

58.  El juicio del que  partió (del que falleció) sólo es conocido por Dios.

59.  Y mientras menos nos ha querido enseñar Dios sobre esto, menos debemos tratar de averiguar.

60.  No condeno si alguien preocupado por los fallecidos acude a Dios para que sea misericordioso. Pero el fijar un tiempo para esto (7años por un pecado mortal) es mentir para conseguir ganancias y  esto no es algo humano, sino diabólico.

 

Del Sacerdocio y de la ordenación.

61.  La Escritura no menciona nada de los tipos de ordenación que  últimamente se han inventado los sacerdotes.

62.  La Escritura no conoce a otros sacerdotes excepto a los que proclaman la palabra de Dios.

63.  La Escritura dice que se debe  honrar a los que predican la Palabra, es decir, que se les debe  otorgar el sustento físico.

 

El trato de los delitos.

64.  A aquellos que reconocen sus delitos no se les debe  hacer sufrir más, sino que se les debe  dejar  morir en paz. Por lo tanto, cualquier bien que dejen a la iglesia debe  ser administrado de un modo cristiano.

65.  Ciertamente Dios se ocupará de los que no quisieron  reconocer sus delitos. Por lo tanto, no debemos ocasionarles ningún daño físico, a menos que estén guiando a otros por mal camino, cosa que no puede ser ignorada.

66.  Todos los líderes espirituales deben  humillarse, y buscar exaltar solo  la cruz  de Cristo, en vez de sus  propios propósitos. De lo contrario perecerán. El ejemplo está en  la cruz.

67.  Si alguien desea discutir conmigo sobre  los impuestos, diezmos, niños sin bautizar o confirmación, estoy listo par  responderle.

 

Pero nadie debe comprometerse a argumentar con sofistería o sabiduría humana,  sino dejar que la Palabra sea el juez (La Escritura respira el Espíritu de Dios),  para que puedan hallar la verdad, y si ya le hallaron,  la mantengan.

Amen. Dios lo permita.