Educado por la madre, santa Antusa, Juan (que nació en Antioquia probablemente en el 349) en los años juveniles llevó una vida monástica en su propia casa. Después, cuando murió la madre, se retiró al desierto en donde estuvo durante seis años, y los últimos dos los pasó en un retiro solitario dentro de una cueva con perjuicio de su salud. Fue llamado a la ciudad y ordenado diácono, luego pasó cinco años preparándose para el sacerdocio y para el ministerio de la predicación. Ordenado sacerdote por el obispo Fabián, se convirtió en celoso colaborador en el gobierno de la Iglesia antioquena. La especialización pastoral de Juan era la predicación, en la que sobresalía por las cualidades oratorias y la profunda cultura. Pastor y moralista, se preocupaba por transformar la vida de sus oyentes más que por exponer teóricamente el mensaje cristiano.
En el 398 Juan de Antioquia (el sobrenombre de Crisóstomo, es decir Boca de oro, le fue dado tres siglos después por los bizantinos) Delegado de su obispo en la atención a los necesitados y en la educación espiritual de los mismos, pronto se hizo famoso como predicador y comentarista de las cartas de San Pablo, así como los evangelios de Mateo y Juan. Su estilo vivo y realista persigue el sentido literal de la Escritura, según la escuela antioquena, con aplicación a los problemas del tiempo. Fue llamado a suceder al patriarca de Constantinopla, Fabiano, muerto en el 398.
Inmediatamente se entregó a una reforma de la vida y costumbres de la iglesia, empezando por él mismo que vendió lo que tenía, para dárselo a los pobres y enfermos. Siguió con el clero, el lujo de las mujeres y hasta los excesos y orgías de la corte imperial y más concretamente de la emperatriz Eudoxia, su enemiga de por vida. También inició una actividad pastoral y organizativa que suscita admiración y perplejidad: evangelización en los campos, fundación de hospitales, procesiones antiarrianas bajo la protección de la política imperial, sermones encendidos en los que reprochaba los vicios y las tibiezas, severas exhortaciones a los monjes perezosos y a los eclesiásticos demasiado amantes de la riqueza. Los sermones de Juan duraban más de dos horas, pero el docto patriarca sabía usar con gran pericia todos los recursos de la oratoria, no para halagar el oído de sus oyentes, sino para instruir, corregir, reprochar. Juan era un predicador insuperable, pero no era diplomático y por eso no se cuidó contra las intrigas de la corte bizantina. Fue depuesto ilegalmente por un grupo de obispos dirigidos por Teófilo, obispo de Alejandría, y desterrado con la complicidad de la emperatriz Eudosia. Pero inmediatamente fue llamado por el emperador Arcadio, porque habían sucedido varias desgracias en palacio. Más dos meses después era nuevamente desterrado, primero a la frontera de Armenia, y después más lejos, a orillas del Mar Negro. Durante este último viaje, el 14 de septiembre del 407, murió. Del sepulcro de Comana, el hijo de Arcadio, Teodosio el Joven, hizo llevar los restos del Santo a Constantinopla, a donde llegaron en la noche del 27 de enero del 438 entre una muchedumbre jubilosa. De los numerosos escritos del Santo recordarnos un pequeño volumen Sobre el Sacerdocio, que es una obra clásica de la espiritualidad sacerdotal.
La misma tragedia de su vida ocasionada por la extraordinaria sinceridad e integridad de su carácter, sirvió para realzar su gloria y su fama. Todavía siguen perennes sus sermones y homilías, sus tratados sobre el sacerdocio, la vida monástica, la virginidad y la viudez, la educación de los hijos, el sufrimiento, etc. : un soberbio orador que hace honor a su nombre de Crisóstomo “boca de oro”.
5 de febrero
La iglesia cultiva con especial memoria litúrgica el testimonio de los mártires. Este hecho se aprecia en la iglesia de los primeros siglos que encontró en ellos una gloria y un modelo que imitar.
Posteriormente se advierte también la atención y la sensibilidad especial ante los mártires cristianos modernos: Corea, Vietnam, China, Canadá, Uganda y otros. Entre estos mártires destacan los de Japón, que dieron su vida por Cristo. El primero que llevó el anuncio de la fe cristiana a Japón fue San Francisco Javier, quien trabajó allí en el 1549-51. En pocos años los cristianos eran unos 300.000. Humanamente hablando, es doble el "secreto" que hizo posible esta expansión: el respeto que los misioneros jesuitas tuvieron por los modos de vida y las creencias japonesas no directamente opuestas a la enseñanza cristiana, y el empeño de insertar elementos locales en la predicación y en la administración.
Precisamente fue catequista jesuita un joven llamado Pablo Miki, nacido entre los años 1564 y 1566, de una rica familia de Kyoto, cuna de la civilización japonesa y capital del Imperio del 794 al 1868. La ordenación sacerdotal fue postergada "sine die", porque la única diócesis de Fusai todavía no tenía obispo. Ni podría recibirlo muy pronto. En efecto, en 1587 el emperador Toyotomi Hideyoshi, que se propuso la conquista de Corea, cambió su actitud benévola para con los cristianos y publicó un decreto de expulsión de los misioneros extranjeros.
La orden se cumplió en parte: algunos misioneros permanecieron en el país como incógnitos, y en 1593 algunos franciscanos españoles, dirigidos por Pedro Bautista, llegaron a Japón procedentes de Filipinas y fueron bien recibidos por Hideyoshi. Pero poco después vino la ruptura definitiva, incluso por motivos políticos anti - españoles y anti-occidentales. El 9 de diciembre fueron arrestados seis franciscanos (Pedro Bautista, Martín de la Asunción, Francisco Blanco, Felipe Las Casas, Francisco de San Miguel y Gonzalo García), tres jesuitas (Pablo Miki, Juan Soan de Gotó y Santiago Kisai) y quince laicos terciarios franciscanos, a los que se les añadieron después otros dos (Miguel Cozaki y su hijo Tomás, León Carasumo y Pablo Suzuki, que eran catequistas).
Después de haberles cortado el lóbulo izquierdo, los 26 fueron llevados de Meaco a Nagasaki, para exponerlos a la burla de las muchedumbres, que más bien admiraron la heroica valentía que manifestaron sobre todo en el momento de la muerte, cuando fueron crucificados en una colina de Nagasaki el 5 de febrero de 1597. Despertaron gran conmoción las palabras de perdón y de testimonio evangélico pronunciadas por Pablo Miki desde la cruz, y la serenidad y valentía que demostraron Luis Ibaraki (de 11 años), Antonio (de trece) y Tomás Cosaki (de catorce), que murieron cantando el salmo: "Laudate, pueri, Dominum...".
23 de febrero
San Policarpo, obispo de Esmirna, conoció de cerca al apóstol Juan y a "los otros que habían visto al Señor", y fue "instruido por testigos oculares de la vida del Verbo". Por eso él se presenta a nosotros como el testigo de la vida apostólica y corno el hombre de la tradición viva "siempre de acuerdo con las Escrituras". Los trozos citados pertenecen a una carta suya a los cristianos de Filipos en Macedonia, que le habían pedido alguna exhortación y la copia de eventuales cartas del santo obispo de Antioquia, Ignacio, del que él había sido amigo.
Policarpo era sobre todo un hombre de gobierno. No tenía la cualidad de escritor y pensador como San Ignacio, ni deseaba como él, ser "triturado" por las fieras del circo para "llegar a Dios". Al contrario, se mantuvo escondido "a causa de la humilde desconfianza en sí mismo". Era anciano y sabía que no se podía confiar mucho en sus fuerzas. Pero cuando fue descubierto en un granero y reconducido a la ciudad, demostró la serena valentía de su fe.
Conocemos la conmovedora conclusión de su vida gracias a un documento fechado un año después del martirio de San Policarpo, que tuvo lugar el 23 de febrero del año 155. Es una carta de la "Iglesia de Dios peregrinante en Esmirna, a la Iglesia de Dios peregrinante en Filomelio y también a todas las parroquias de cualquier lugar de la Iglesia santa y católica". Es una narración muy importante bajo el aspecto histórico, hagiográfico y litúrgico. Al procónsul Stazio Quadrato, que lo exhorta a renegar de Jesús, contesta moviendo la cabeza: "Desde hace 86 años lo sirvo y nunca me ha hecho ningún mal: ¿cómo podría blasfemar de mi Rey que me ha redimido?". "Te puedo hacer quemar vivo", insiste el procónsul. Y Policarpo: "El fuego con que me amenazas quema por un momento, después pasa; yo en cambio temo el fuego eterno de la condenación".
Mientras en el anfiteatro de Esmima se está quemando vivo, "no como una carne que se asa, sino como un pan que se cocina", el mártir eleva al Señor una estupenda oración, breve pero intensa: "Bendito seas siempre, oh Señor; que tu nombre adorable sea glorificado por todos los siglos, por Jesucristo pontífice eterno y omnipotente, y que se te rinda todo el honor con él y con el Espíritu Santo, por los siglos de los .siglos". De improviso ese cuerpo quemado quedó reducido a cenizas. "A pesar de esto —escribe el autor de esa carta, que recomienda hacer leer a las otras Iglesias—, nosotros recogimos uno que otro hueso, que conservamos como oro y piedras preciosas".
12 de marzo
En el Papa Gregorio se encuentran, en grado eminente, todas las cualidades del hombre de gobierno, el sentido del deber, de la mesura y de la dignidad. El historiador protestante Harnack admira en él "la sabiduría, la justicia, la mansedumbre, la fuerza de iniciativa, la tolerancia", y Bossuet lo considera el modelo perfecto de como se gobierna la Iglesia". San Gregorio Magno, había nacido para ser Papa. La familia Anicia, a la que pertenecía, era una de las principales de Roma. Cuando murió su padre Gordiano, Gregorio, todavía muy joven (había nacido hacia el 540) ya era "praefecius urbis". Admirador de la excepcional figura de San Benito, resolvió pronto transformar sus posesiones de Roma y de Sicilia en monasterios. Pero él no pudo permanecer en ellos por mucho tiempo, porque el Papa Pelagio II lo envió como nuncio (apocrisiario se decía en ese tiempo) a Constantinopla. Cuando regresó a Roma gozó por poco tiempo de la paz del monasterio, porque fue llamado al supremo pontificado por el entusiasmo del pueblo y por las insistencias del clero y del senado romano, físicamente no era un coloso y su salud siempre fue muy delicada: su primera serie de Homilías sobre el Evangelio tuvieron que ser leídas por un notario, pues no podía mantenerse en pie, Y, sin embargo, su actividad, en los escasos 14 años de pontificado (del 3 de septiembre del 590 al 12 de marzo del 604), es increíble: Organiza la defensa de Roma amenazada por Agilulfo, con quien mantuvo relaciones de buen vecino; administra los asuntos públicos con escrupulosa equidad, supliendo el descuido de los funcionarios imperiales; arregla los acueductos; organiza la vivienda de los colonos eliminando todos los residuos de esclavitud de la gleba; animado por su celo, promueve la misión de san Agustín de Cantórbery en Inglaterra. Capaz de mirar más allá de los confines de la cristiandad, no descuidaba los asuntos pequeños de la vida cotidiana. Poco antes de morir se ingenió para hacerle llegar al obispo de Chiusi un abrigo para el invierno.
El epistolario (se han conservado 848 cartas) y las homilías al pueblo prueban ampliamente su múltiple actividad. En todo dejó una huella, baste recordar en campo litúrgico la promoción del "gregoriano". Su familiaridad con la Sagrada Escritura se ve en las Homilías sobre Ezequiel y sobre el Evangelio, mientras las Moralia in Job dan testimonio de la admiración por san Agustín. Su Liber regulae pastoralis, junto con la Vida de san Benito, influyó muchísimo en la espiritualidad, y aun hoy es de grande actualidad
Patricio, Obispo y Misionero de Irlanda, 461
17 de marzo
Son inciertos los datos cronológicos del apóstol de Irlanda. Patricio nació probablemente en la Britania Mayor, en Bannhaven Taberniae (un pueblecito que hoy no se encuentra en los mapas) en el 385, y probablemente murió en el 461 cerca de Down, que ahora se llama Downpatrick, en el Ulster. La fecha del 17 de marzo para la celebración de la memoria del Santo es muy antigua. San Patricio nació en la actual Inglaterra y por un designio providencial fue a parar a la vecina isla de Irlanda, en donde vivían celtas y escotos, todavía paganos. En efecto, cayó prisionero de los piratas a la edad de 16 años y fue llevado a los mercados irlandeses para ser vendido como esclavo. El encuentro con la patria de adopción no fue, pues, muy agradable, como tampoco su estadía. pues trató de huir dos veces. La tercera vez, después de seis años, lo logró.
Después regresó a Irlanda no ya como esclavo, sino como predicador del Evangelio. Para su futura misión se preparó en Auxerre con severos estudios teológicos, bajo la guía de san Germán. Hizo un viaje a Italia en donde visitó varios monasterios. Después regresó a Irlanda, enviado por el mismo Pontífice, según la tradición, como sucesor del primer obispo, Paladio, en el 432. El buen éxito de la misión de san Patricio se debe a la inteligente organización que supo crear en esa isla, carente de ciudades y dividida en muchas tribus o clanes, dirigidos por un jefe independiente. Ante todo, él supo adaptarse a las condiciones sociales del lugar, formando un clero local y pequeñas comunidades cristianas dentro del mismo clan, sin rechazar usos ni costumbres tradicionales.
Se preocupó ante todo por la conversión de los jefes, pues sabía que inmediatamente los seguirían sus súbditos. Erigió en varios sitios de Irlanda algunas abadías, que después llegaron a ser famosas, alrededor de las cuales fueron naciendo las futuras ciudades. Patricio tuvo una vida difícil con los herejes pelagianos, que para arruinar su obra recurrieron inclusive a la calumnia. Para defenderse, Patricio escribió una Confessio, aclarando que su trabajo de misionero era la simple actuación de un mandamiento divino y que su aversión contra los pelagianos se debía al absoluto valor teológico que él le atribuía a la gracia. La obra del infatigable misionero dio excelentes frutos con el tiempo: lo demuestra el maravilloso florecimiento de santos irlandeses y su generosa adhesión a la fe de los padres.
18 de marzo
Desde el período apostólico hizo su aparición la herejía en la Iglesia, pero sin causar en las comunidades eclesiales esas profundas heridas producidas por el arrianismo y el nestorianismo en los siglos IV y V. Pero si este pulular de herejías frenó un poco la evangelización de los paganos, suscitó también grandes figuras de pastores, de teólogos, de predicadores. de escritores que con sus obras, por medio de una catequesis sistemática las homilías y el sermón, lograron exponer claramente la doctrina cristiana y penetrar en el mismo ambiente pagano. La defensa de la ortodoxia hizo más consciente y vivida la fe en el pueblo cristiano. Una de las figuras más representativas de este período de apasionadas batallas teológicas es la del obispo de Jerusalén, san Cirilo, que dirigió esa Iglesia desde el 350 hasta su muerte, en el 386.
Cirilo nació de padres cristianos en el año 315. Tuvo alguna simpatía por los arríanos, pero se separó de ellos muy pronto y adhirió a los semiarrianos homoiusianos, esto es, a esa orientación teológica que se inclinaba a los convenios, que proponía el término “homoi – ousios” (de naturaleza semejante) en vez de "homo-ousios" ( de la misma naturaleza, es decir, el Verbo de la misma naturaleza que el Padre): se trataba sólo de añadir una letra, pero era suficiente para eliminar la idea de la consubstancialidad entre el Padre y el Hijo. Cirilo abandonó también a los semiarrianos y se adhirió a la doctrina ortodoxa de Nicea. Por esto fue varias veces desterrado, bajo los emperadores Constancio y Valente. El primer Concilio Ecuménico de Constantinopla, en el que participó Cirilo, reconoció la legitimidad de su episcopado.
Las primeras incertidumbres de su pensamiento teológico demoraron, en Occidente, el reconocimiento de su santidad. En efecto, su fiesta fue instituida sólo en 1 882. El Papa León XIII le concedió el título de doctor de la Iglesia por las 24 Catequesis que Cirilo compuso probablemente al comienzo de su episcopado y que él dirigía a los catecúmenos que se preparaban para recibir los sacramentos. De las primeras 19, trece están dedicadas a la exposición general de la doctrina, y cinco, llamadas mistagógicas, están dedicadas al comentario de los ritos sacramentales de la iniciación cristiana.
Las Catequesis de san Cirilo nos llegaron gracias a la trascripción de un estenógrafo, en la íntegra naturalidad y sencillez con el que el Santo obispo las comunicaba a la comunidad cristiana en los tres principales santuarios de Jerusalén, es decir, en los mismos lugares de la redención, en los que según la expresión del predicador, no sólo se escucha, sino que "se ve y se toca".
Varios son los santos del calendario con el nombre de Ricardo. El más célebre de todos es Ricardo, obispo de Chichester (Inglaterra). Hijo de un labrador, trabajó en la hacienda de su padre hasta verla aumentada considerablemente. Pospuso una propuesta de matrimonio para seguir sus estudios de derecho en Oxford, París y Bolonia. Vuelto a Oxford en 1235, fue nombrado canciller del obispo con quien compartió los ideales de reforma del clero y de la Iglesia. También siguió a su obispo al destierro en Pontigny (Francia), asistiéndole hasta la muerte. En 1242 es ordenado sacerdote después de haber estudiado teología con los dominicos de Orleans. Empieza su labor pastoral como párroco para ser luego nombrado obispo de Chichester (1245). Pasó ante sus diocesanos como modelo de obispo, caritativo y accesible, firme y compasivo con los pecadores, extraordinariamente generoso con los necesitados. Pastoralmente entregado al servicio de la diócesis que visitó a pie, se empleó a fondo en la reforma del clero: celebración digna de la misa, celibato, residencia en la parroquia, etc. Lo mismo hizo con los fieles: misa domingos y fiestas y aprender de memoria el padrenuestro, ave Maria y credo. Murió en Dover el 13 de abril, después de haber reclutado a marineros para la cruzada. Canonizado en 1262. Su tumba fue centro de peregrinación en la Edad Media.
Nació en Aosta del Piamonte (Italia). De noble familia lombarda, su padre quiso educarle para la política, por lo que nunca aprobó su temprana decisión de hacerse monje. Anselmo sufrió tanto que se enfermó gravemente, pero el padre no se dio por vencido Recibió una excelente educación clásica, siendo tenido por uno de los mejores latinistas de su tiempo. Esta educación le llevó al uso preciso de la palabra y a la necesidad de claridad de su pensamiento.
En 1060 entró en el monasterio benedictino de Bec (Normandía) bajo la dirección del abad Lanfranco. Anselmo se dedicó de lleno al estudio, siguiendo fielmente las huellas del maestro, a cuya muerte fue elegido abad de Bec y también profesor, por su capacidad intelectual y sincera piedad (1078). Fue predicador y reformador de la vida monástica, y sobre todo teólogo: él representa los comienzos de la teología escolástica. Su austeridad ascética le suscitó fuertes oposiciones, pero su amabilidad terminaba ganándose el amor y la estimación hasta de los menos entusiastas. Era un genio metafísico de piadoso corazón: con corazón e inteligencia se acercó a los misterios cristianos: “Haz, te lo ruego, Señor – escribía – que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia”. Fue nombrado arzobispo de Canterbury (Inglaterra) en 1093. Desde entonces fue incansable e insobornable defensor de la independencia de la Iglesia frente al poder real. Los últimos años de su pontificado se vio envuelto en varios problemas y contenciosos con el civil. Mantenedor firme de la disciplina y doctrina de la Iglesia. Murió en Canterbury en 1109.
San Anselmo ha pasado a la historia del pensamiento y de la filosofía medieval por su argumento ornológico o prueba a priori de la existencia de Dios. Hay muchas cosas buenas por su bondad y belleza intrínseca pero presuponen un bien absoluto que es su medida y paradigma. Este sumo bien es Dios, En esta argumentación de su obra Monologium. san Anselmo se eleva de lo particular a lo universal y de lo universal a Dios. En el Proslogium, en cambio, ensaya otra vía de argumentación, ésta a priori, para probar de forma racional la existencia de Dios: Dios es el ser más perfecto que puede pensarse. Ahora bien, si Dios es el ser mayor o más perfecto que puede pensarse, existe. Aun el más necio debe admitir que el ser respecto al cual nada mayor puede pensar existe no sólo en el entendimiento sino también en la realidad. De lo contrario, ya no sería el más perfecto. La actitud de san Anselmo frente a la fe y la razón queda expresada en esta frase: "Creo para comprender”. No se puede entender nada si no se tiene fe. Pero la fe sola no basta. Es menester confirmarla y demostrarla, la fe busca la luz de la razón. Hay un acuerdo esencial entre fe y razón. San Anselmo es un ejemplo de armonía entre fe y razón. El hombre, el cristiano, ha de ir a Dios con la fe y la razón.
Declarado doctor de la Iglesia en 1720. por el Papa Clemente XI.
25 de mayo
El nombre de Beda o Baeda en lengua sajona quiere decir oración. Nace en Jarrow (Inglaterra), en el año 672 de una modesta familia obrera de Newcastle y recibió su formación en dos monasterios benedictinos, fue ordenado a los 22 años.
Monje, teólogo, investigador e historiador anglosajón, conocido sobre todo por su Historia eclesiástica gentis anglorum, imprescindible para el conocimiento de los orígenes del cristianismo en Inglaterra.
Desde los siete años le vemos en el monasterio de Wermouth (Durham), desde donde se traslada a la abadía de Jarrow, viviendo aquí hasta su muerte. Según nos dice Pedro Abelardo, recogiendo el mismo testimonio de Beda, nunca se arrepintió de haberse hecho monje, nunca se aburrió, contento como estaba de haber vivido en plenitud. Murió a los 63 años en la abadía de Jarrow (Inglaterra) después de haber dictado la última página de su libro Comentario a San Juan, y de haber rezado el “Gloria Patri”, cuando sintió que se acercaba la muerte, dijo: “He vivido bastante y Dios ha dispuesto bien mi vida”.le dijo al monje escribano: “ahora sostenme la cabeza y haz que pueda dirigir los ojos hacia el lugar santo donde he rezado, porque siento que me invade una gran dulzura” . Fueron sus últimas palabras. Era la víspera de la Ascensión, el 25 de mayo del 735. Sepultado en Jarrow, sus restos fueron trasladados más tarde a la catedral de Durham.
Las dos más grandes satisfacciones de su vida las condensó el mismo él mismo en tres verbos: aprender, enseñar, escribir. La mayor parte de su obra de escritor tiene su origen y finalidad en la enseñanza.
La faceta más saliente de Beda está en su condición de monje investigador e historiador. Conocida es su Vida de san Cuthbert, en prosa y verso, en la que abundan los milagros. Más sentido histórico tiene su Historia abbatum. Pero la obra que va unida a su nombre, como arriba indicamos, es su Historia ecclesiastica gentis anglorum. Consta de cinco libros y cubre un período que va desde la invasión de Julio César (55-54 a.C.) hasta la llegada a Kent de san Agustín (597 d.C.). Sus fuentes son cartas antiguas, tradiciones de los antepasados y el propio conocimiento de los hechos por el autor. A pesar de lo sobrecargada que está con milagros, es la obra de un estudioso preocupado por precisar sus fuentes y registrar las que creía pruebas dignas de crédito. Todavía sigue siendo fuente indispensable de los hechos y significado de la primitiva historia anglosajona.
Con razón se ha comparado a Beda con san Isidoro de Sevilla. Beda es otro anillo de la cadena a través de la cual la cultura antigua se transmite a la Edad Media. Su influencia se perpetuó en Inglaterra por la escuela de York, fundada por su discípulo Egbert, y trascendió al continente por el gran Alcuino. Beda es el monje paciente cuya imagen es paradigma del estudioso investigador de las viejas abadías benedictinas.
Terminó su voluminosa obra histórica con esta oración: “Te pido, Jesús mío, queme concediste saborear con delicia las palabras de tu sabiduría, concederme por tu misericordia llegar un día a ti, fuente de sabiduría, y contemplar tu rostro”.
Reconocido como «el padre de la erudición inglesa», fue declarado doctor de la Iglesia universal en 1879. Tendido sobre el suelo de su celda (típica del verdadero benedictino) comenzó a cantar: «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo». «Yo tuve como tarea agradable aprender, enseñar, escribir».
Agustín, Primer Arzobispo de Canterbury , 605
26 de mayo
Monje de origen italiano – cuya principal cualidad no era la valentía, sino la humildad y la docilidad; compañero y amigo de san Gregorio Magno- es el gran misionero y organizador de la Iglesia de Inglaterra. Elegido en 596 como cabeza de 30 monjes para evangelizar al pueblo anglosajón. Consagrado obispo por el mismo Papa, llegó al condado de Kent en 597 después de superar el desaliento y el cansancio a su paso por las Galias. Agustín y sus monjes fueron recibidos con cautela por el rey Edelberto de Kent, quien, no obstante, les dio una casa en Canterbury, permitiéndoles predicar. No quiso hacerse cristiano -a pesar de que su esposa ya lo era-hasta oír el mensaje de los misioneros. En 601 abrazó el cristianismo junto con importantes personas de su reino. El Papa se alegró con la noticia que llegó a Roma y expresó su satisfacción en las cartas escritas a Agustín y a la Reina. Mientras tanto habían ido llegando nuevos monjes que se distribuyeron por todo el sur de Inglaterra. Con un sentido de organización y eficacia, Agustín -siguiendo la inspiración y el apoyo de san Gregorio- levantó la primera catedral primada de Canterbury, organizó la sede de Londres y otras sedes episcopales de la zona sur. Al mismo tiempo se le dio poder para establecer en York la sede metropolitana del norte con otros dos obispos. Su corto pontificado estuvo siempre presidido por la organización, moderación y respeto por el arte, costumbres y fiestas locales, así como por el respeto y seguimiento a las directrices de Roma.
Murió el 27 de mayo de 604. Su fama de obrador de milagros le acompañó en vida y después de la muerte. Sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Pedro y San Pablo fundado por él en Canterbury (hoy de san Agustín).
9 de junio
San Columba es una de las grandes figuras de monjes, fundador de monasterios y misionero de Europa. Los monjes irlandeses fueron grandes viajeros, y fueron a lejanas tierras impulsados por el deseo de predicar el Evangelio. San Columbano hacia mitad del siglo VI convirtió al cristianismo a los "Pitos", cuyo territorio tomó el nombre de Escocia (nombre reservado entonces solamente a Irlanda). Poco después, el casi homónimo san Columbano (conocido también con los nombres de Colum, Colman, Palumba o Columba) abandonó a Irlanda y se dirigió hacia el continente. Había nacido hacia el 528 y recibió su formación humanística y religiosa en un monasterio de Irlanda del Norte, en Bangor, bajo la guía de san Comgall. Es el período en el cual Irlanda definida "la isla de los santos", cuenta con una riquísima proliferación de santos misioneros.
Ante el creciente número de monjes que se incorporaban a su trabajo misionero, Columba compuso primero una Regla que ordena la oración, el ayuno, el trabajo y la lectura diaria de los monjes. Más tarde escribió el Penitencial con las reglas “tarifarias” en uso en Irlanda, para la confesión individual y secreta. Con san Columba salieron para Europa muchos discípulos suyos a difundir el monaquisino irlandés: san Quiliano a Arras, san Galo al lago de Constanza, en donde la célebre abadía fundada por él perpetúa su nombre, san Fursy a Péronne, san Rombaldo a Malinas, san Livino a Gand, san Virgilio a Salsburgo.
Pocos conocen el origen irlandés de san Frediano, venerado en Lucca, san Orso en Aosta, san Dónalo en Fiésole, san Folco en Piacenza, san Emiliano en Faenza, san Cataldo en las Pulias y en el corazón de Sicilia. El mismo san Columba llegó a Italia y en Bobbio fundó el quinto de sus famosos monasterios: los primeros los había fundado en Luxeuil y en Fontaines en Borgonia, luego en Faremoutiers y en Jouarre. En una era de decadencia de la primitiva cristiandad debido a las invasiones de los pueblos germanos, el florecimiento de las misiones irlandesas de san Columba fue una transfusión de linfa generosa para toda Europa. Por esto san Columba fue definido "gigante de estatura europea". Fue misionero impulsado por auténtico espíritu apostólico y de gran caridad, a pesar de que su temperamento era juzgado sumamente duro. Su dureza y hasta su intransigencia en la defensa de la moral cristiana y en los usos monásticos le concitó la animadversión del poder civil y eclesiástico, que le expulsaron de Borgoña. Sacado de Luxeuil, por su inflexibilidad, por la abuela del joven rey Thierri, que sucedió al magnánimo Gontrano, antes de embarcarse escribió desde Nantes una hermosa carta a sus monjes con frases ardientes como esta; "Si a uno le quitan la libertad, le quitan la dignidad".
Su embarcación, que debía llevarlo nuevamente a Irlanda, fue llevada por un viento contrario a la orilla opuesta, y el Santo misionero, interpretando ese incidente como una señal de la Providencia, se puso en camino hacia el sur y llegó a Italia, en donde el rey longobardo Agilulfo y la reina Teodolinda le permitieron fundar el monasterio de Bobbio, en el 614, un año antes de su muerte.
De este santo irlandés nos quedan cartas, la Regla y el Penitencial para monjes, amén de varios poemas , además de grandes monasterios: Bobbio y Luxeuil, famosos por su gran biblioteca y la riqueza de sus manuscritos, y sobre todo el gran ejemplo de misionero y monje. Duro e intransigente, pero incansable en la propagación del reino de Dios. A pesar de las criticas a su persona y su obra, se le sigue reconociendo como el más grande apóstol de los muchos que Irlanda envió a la Europa continental.
19 de septiembre
Monje, maestro sabio y organizador de la Iglesia de Inglaterra, continuador de la obra de san Agustín de Cantórbery. El testimonio sobre su persona y obra nos viene a través de san Beda. De origen griego, fue propuesto para la sede de Cantórbery en 666, y tomó posesión de la misma en 669, Su labor pastoral consistió en visitar su iglesia, uniendo e integrando los diversos elementos de la misma, reuniendo sínodos y creando nuevas diócesis. Creó la famosa escuela episcopal de Cantórbery. Se le atribuye también un penitencial, pero ninguna de sus obras auténticas ha sobrevivido. Su obra como hombre de Iglesia fue dar unidad, organización y cultura a los cristianos ingleses. Murió en 690, a la edad de 87 años.
Margarita, Reina de Escocia, 1093
16 de noviembre
En el jardín de la santidad hay muchas Margaritas, florecidas en gran parte en los jardines reales, casi para demostrar que no es imposible el connubio entre la diadema de la realeza temporal y la de la eterna bienaventuranza.
Entre las tantas santas que llevan este nombre, la Reina santa Margarita de Escocia es de las más privilegiadas, pues no logró la santidad por los difíciles caminos del dolor y de la humillación, sino en la alegría y en la sencillez. Nació en 1046 en Hungría, en donde su padre Eduardo Aetheling y su madre Águeda vivían desterrados porque el reino de Inglaterra había pasado a las manos del rey Canuto. Cuando éste murió, pudieron regresar a la patria y vivir en la corte del tío-abuelo Eduardo el Confesor.
Hubo otra fuga durante las guerras entre daneses y normanos. Margarita fue a parar a Escocia, en donde el rey Malcolm III la pidió por esposa, y así, a los 24 años, se sentó en el trono de Escocia.
Con su estilo de vida elegante y prudente promovió una verdadera revolución tanto en la corte como en la vida de la iglesia. Hizo convocar un concilio escocés donde se estableció la práctica de la comunión pascual y la prohibición de trabajar los domingos. Impulsó la fundación de monasterios, iglesias y albergues para peregrinos.
Tuvo 6 hijos y 2 hijas, a quienes la piadosa Margarita educó cristianamente, y con igual amor y dedicación se preocupó por la educación religiosa y civil de su pueblo, en todo apoyada por el esposo: hombre rudo e ignorante (no sabía ni leer ni escribir), pero que supo apreciar y aprovechar la ayuda de la esposa culta y sabia, e imitaba su fervor religioso besando los libros de devoción, ya que no podía leerlos. éste a pesar de la rudeza y crueldad, supo que “Cristo vivía en su corazón, llegó a rechazar lo que ella rechazaba y amaba lo que ella amaba”.
Margarita murió a los cuarentaisiete años, el 16 de noviembre de 1093 en Edimburgo; pocos días después de la muerte trágica de su marido y uno de sus hijos. Fue nombrada patrona de Escocia en 1676. Su culto en la Iglesia universal data de 1693. El documento sobre su canonización no ha llegado hasta nosotros, aunque ésta se debió producir hacia 1250, con motivo de traslado de sus restos a Dumfermline, panteón de los reyes de Esocia. Durante la reforma sus restos y la del rey Malcom fueron trasladados a una capilla del monasterio del Escorial (España).