La vida de Antonio
La vida y
conversaciones de nuestro santo Padre Antonio, escritas y enviadas a los monjes
residentes en el exterior por nuestro Padre entre los Santos, Atanasio, Obispo
de Alejandría.
…Ya que ustedes
me pidieron darles cuenta del modo de vida del bendecido Antonio, y están
deseosos por saber como empezó él su disciplina, cómo era antes de esto, cómo
concluyó su vida y si las cosas que se dicen de él son ciertas de modo que
puedan imitarlo, acepto su petición porque para mí también la sola recolección
de sus actos es de gran ayuda. Y estoy seguro de que cuando escuchen esto además
de sentir gran admiración por este hombre, estarán deseosos de emular su
determinación, viendo que para la vida de los monjes es un valioso modelo de
disciplina…
- Ustedes
sabrán que Antonio era de origen Egipcio, sus padres eran de buenas familias
y poseían una riqueza considerable y como eran cristianos, él también fue
criado en la misma fe. Pasó su infancia solo con sus padres, sin conocer a
nadie más que a ellos y a su hogar. Pero cuando creció y llegó a la
juventud, no podía aprender a leer sin asociarse con otros muchachos; esto
no le molestaba, pero era su deseo, así como se escribió de Jacob, ser un
hombre casero. Solía ir a la casa del Señor con sus padres, y ni siquiera
cuando niño fue flojo ni cuando perdió a sus padres, sino que era obediente
con ellos y estaba atento a todo lo que se leía, guardando en su corazón lo
que oía. Y aunque fue criado en medio de riquezas, él no pedía a sus padres
cosas lujosas, ni estas le eran una fuente de placer, sino que se contentaba
con lo que le daban y no pedía más.
- Después de
la muerte de su padre y de su madre, se quedó solo con su hermanita, él
tenía entre 18 y 20 años, y el cuidado de su hermana y de su hogar recaían
en él. Seis meses después de la muerte de sus padres y de acuerdo a la
costumbre de la casa del Señor, pensó y reflexionó en como los apóstoles
habían dejado todo y seguido al Salvador, y cómo en los Hechos, habían
vendido todas sus posesiones para distribuirlas entre los necesitados y en
cuan grande esperanza les esperaba en el cielo. Meditando en esto entro a la
Iglesia mientras se leía el Evangelio y oyó como el Señor le decía al hombre
rico: “Si quieres ser salvo, corre y vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres, y sígueme que tendrás un gran tesoro en el cielo”. Ya que el Señor
le había puesto estos pensamientos en la cabeza y que el Evangelio había
hablado al respecto, salió inmediatamente de la Iglesia y les dio todas sus
posesiones a los aldeanos -300 acres muy buenos y productivos-
para que ni él ni su hermana tuvieran ningún obstáculo. Y vendió todo el
resto, entregando una gran cantidad de dinero a los pobres, más reservando
un poquito para el futuro de su hermana.
- Y
nuevamente cuando entró a la Iglesia, al escuchar que el Señor decía en los
Evangelios “No estén ansiosos por el mañana”, salió y entregó también el
resto. Habiendo encomendado su hermana al cuidado de vírgenes fieles y
conocidas, la envió a un convento para ser educada. De ahí en adelante, él
se dedicó a disciplinarse y entrenarse con paciencia. Ya que no había
muchos monasterios en Egipto y que ningún monje conocía el lejano desierto,
todos los que así lo querían, practicaban la disciplina en soledad, cerca de
sus pueblos. En el pueblo vecino había un hombre que llevaba una vida de
ermita desde su juventud. Después de ver a este hombre, Antonio lo imitaba
en piedad. Al principio comenzó a morar en lugares fuera del pueblo, y si
oía sobre algún buen hombre, iba y lo buscaba hasta encontrarlo, luego
regresaba como si hubiera recibido provisiones para el viaje hacia la
virtud. Y viviendo allí, confirmó su propósito de no regresar a la casa de
sus padres ni a donde sus parientes, sino guardar todos sus deseos y
energías para perfeccionar su disciplina. Sin embargo, trabajaba con sus
manos, por que oyó que “Él que no trabaja, no coma”, de lo que ganaba usaba
una parte para comprar pan y la otra parte para los necesitados. Y era
constante en sus oraciones, sabía que un hombre debe orar incesantemente en
secreto. Y ponía tanta atención a lo que se leía, que nada de lo que
escuchaba era en vano, sino que lo recordaba todo, y después su memoria le
sirvió para los libros.
- Y
conduciéndose de esta manera, Antonio era querido por todos. Se sometía
sinceramente a los buenos hombres que visitaba y aprendía de los que le
superaban en celo y disciplina. Observaba la gracia de uno, la oración
incesante de otro, aprendía la liberación del enojo de uno y la amabilidad
amorosa de otro, ponía atención a uno mientras miraba, a otro mientras
estudiaba, admiraba a uno por su fortaleza, a otro por sus ayunos y por
dormir en el suelo, miraba con atención la humildad de uno y el largo
sufrimiento de otro, mientras que se daba cuenta de la piedad hacia Cristo
y el amor mutuo que todos ellos tenían. Entonces lleno, retorno a su lugar
de disciplina, y de ahí en adelante, lucharía para unificar todas estas
cualidades y estaba deseoso por mostrarlas en si mismo. No tenía rivalidades
con los de su edad, excepto la de no ser el segundo cuando se trataba de
cuestiones más elevadas. Y no lo hacía para herir los sentimientos de nadie,
sino para que se regocijaran. Y entonces al ver que era un hombre de este
tipo, los hombres buenos y los de su pueblo solían llamarlo el amado de
Dios. Y unos lo acogían como hijo y otros como hermano.
- Pero el
demonio, que odia y envidia lo bueno, no podía soportar ver tal resolución
en un joven y se empeñó en hacer en su contra las cosas que habían tenido
efecto en contra de otros. Primero trató de alejarlo de su disciplina
susurrándole recuerdos de su riqueza, del cuidado de su hermana, reclamos de
sus parientes, deseos de dinero, de gloria, de los placeres de la comida y
de otros esparcimientos, y finalmente de las dificultades de la virtud;
también de las enfermedades del cuerpo y de la duración del tiempo. En
resumen, provocó en su mente un gran debate, tratando de alejarlo de su
propósito. Pero el enemigo se dio cuenta de que era muy débil contra la
determinación de Antonio, y en vez fue conquistado por su firmeza, fue
derrotado por su gran fe y vencido por sus oraciones constantes. Luego puso
su confianza en las armas que estaban en “el ombligo de su barriga” y se
jactó de ellas –por ser su primera trampa contra los jóvenes- y así lo
atacó, perturbándolo en la noche y acosándolo en el día, incluso los demás
pudieron ver la lucha entre ellos. Uno sugería pensamientos obscenos y el
otro los enfrentaba con oraciones. Le disparaba con vitalidad, fortaleciendo
su cuerpo con la fe, las oraciones y el ayuno. Y el demonio, una noche,
incluso tomó la forma de mujer e imitó todos sus actos solo para engañarlo.
Pero él, con su mente llena de Cristo y la nobleza que él le inspiraba, y
considerando la espiritualidad de su alma, no cayó en el engaño del otro.
Nuevamente el enemigo le hizo pensar en la comodidad del placer. Pero él
volvió su pensamiento al fuego amenazante y a las lombrices que nos comen, y
poniendo estas cosas en contra de su adversario, salió ileso de la
tentación. Y todo esto fue motivo de vergüenza para su rival. Ya que él,
jactándose de ser igual a Dios, era ahora burlado por un jovencito; y aquel
que se jactaba en contra de la carne y la sangre, era puesto en aprietos por
un hombre de carne y hueso.
-
Finalmente, cuando el demonio vio que no podía derrotar a Antonio, y que era
arrojado de su corazón, rechinando sus dientes como esta escrito, se le
apareció a Antonio en la forma de un niño negro, tomando así el mismo color
de su mente. Y portándose servil hacia él, no lo importunó más con
pensamientos, porque a pesar de ser astuto había sido vencido, y al final,
con voz humana, le dijo: “He engañado a muchos, a muchos he desanimado, pero
al atacarte a ti y a tus obras, he probado mi debilidad”. Cuando Antonio le
preguntó:” ¿Quién eres tú que me dices esto?” él respondió con voz
lamentable: “Soy el amigo de las …, y he tomado formas incitantes en contra
de los jóvenes. Me llaman el espíritu de la lujuria. ¡A cuantos que deseaban
vivir rectamente he engañado, cuantos son los castos que por mi incitación
han sido persuadidos! Yo soy de quien habla el profeta cuando dice respecto
a los que cayeron: “El espíritu de…los ha hecho errar” Es por mí que ellos
han caído. Yo soy quien te ha estado molestando y a quien tú has vencido”.
Antonio, habiendo agradecido a Dios, le dijo valientemente: “Eres
despreciable porque eres perverso y débil como un niño. No me darás ningún
problema porque el Señor es mi ayudante y dominaré a mis enemigos” Al oír
esto, el demonio huyo, estremecido por las palabras y temiendo incluso
acercarse al hombre.
- Esta fue
la primera batalla de Antonio contra el demonio, o mejor dicho, esta
victoria fue la obra del Señor en Antonio. Y aunque el demonio había sido
vencido, Antonio no descuidó su disciplina, ni el demonio dejó de tenderle
trampas y de buscar la ocasión de ponerse en su contra. Pero Antonio
sabiendo que en las escrituras dice que las armas del demonio son muchas,
continuó celosamente su disciplina; teniendo en cuenta que aunque el demonio
no había sido capaz de engañar a su corazón con los placeres carnales,
trataría de hacerlo caer por otros medios, porque el demonio ama el pecado.
Por lo tanto reprimía su cuerpo cada vez más, no sea que habiendo vencido en
un aspecto, sea derrotado en otro. Entonces planeo llevar un modo de vida
más estricto. Y aunque muchos se maravillaban, él solía soportarla
fácilmente, porque el deseo de su alma había labrado un buen hábito en él.
Se mantenía en vigilia hasta el extremo de no dormir en toda la noche, y
esto sucedía a menudo para el asombro de todos. Comía una vez al día,
después de la puesta del sol, o cada dos días e incluso cada cuatro días. Su
alimento era pan y sal y solo debía agua. No
vale la pena hablar de la carne ni del vino ya que ni los otros hombres
buenos los consumían. Tenía una estera para dormir pero casi siempre dormía
en el suelo. No se untaba con aceite, diciendo que a los jóvenes les
correspondía entrenarse y no buscar lo que enervaba al cuerpo, sino que
debían acostumbrarlo a trabajar, teniendo en mente las palabras del
Apóstol: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Él decía “Porque la fibra
del alma se vuelve fuerte cuando disminuimos los placeres del cuerpo” y
llegó a la maravillosa conclusión de que “el progreso en virtud y retiro del
mundo, no debe ser medido por el tiempo, sino por el deseo y la firmeza del
propósito: El no pensaba en el pasado, sino que día a día, como si fuera el
primero, recurría a mayores tormentos para avanzar, repitiéndose lo que dijo
San Pablo: “Olvidando las cosas que están detrás y esforzándose por alcanzar
las que están delante”. El también meditaba en las palabras del profeta
Elías, “El señor vive delante de quien estoy hoy
día” Y observó que cuando decía
“hoy” no se refería al tiempo que ha pasado si no al hecho de comenzar
diariamente, y él ansiosamente se esforzaba para estar preparado para
aparecer delante de Dios, siendo puro de corazón y siempre listo para
someterse ante su consejo y ante Él. Y solía decir que debía mirar su propia
vida refleja en la vida del gran profeta Elías como en un espejo.
- Y así,
observando más rigurosamente su propósito, Antonio partió hacia las tumbas
que estaban lejos de la villa; y habiéndole dicho a uno de sus conocidos
que le traiga pan cada cierto tiempo, entró a una de las tumbas y el otro
cerró la puerta, quedándose solo. Y cuando el enemigo no puedo soportarlo y
temiendo que en poco tiempo Antonio llenase el desierto de disciplina, fue
una noche con una multitud de demonios y lo azotaron tanto que se quedó en
el suelo sin habla por el inmenso dolor. Luego afirmó que la tortura había
sido tan excesiva que ningún golpe dado por seres humanos le habría causado
tanto tormento. Pero, por la providencia de Dios – porque el Señor nunca
olvida a los que esperan en Él- su conocido vino al día siguiente trayéndole
pan. Y al verlo tendido en el suelo, lo creyó muerto y lo llevó cargado
hasta la iglesia del pueblo. Y las personas del pueblo y sus familiares se
sentaron alrededor de Antonio. A media noche recobró el conocimiento y se
levantó y vio que todos dormían excepto su compañero, lo llamó y le pidió
que lo llevara nuevamente a las tumbas sin despertar a nadie.
- Otra
vez fue llevado por el hombre, cuando este cerró la puerta y se fue, Antonio
estuvo solo de nuevo. A causa de los golpes no podía permanecer de pie,
entonces oraba recostado. Después de orar grito: “Aquí estoy, no me he
escapado de tus azotes, pero incluso si me infliges más nada me separará del
amor de Cristo” y luego cantó: “Y aunque todo un regimiento esté en mi
contra, mi corazón no temerá”. Estas fueron las palabras y pensamientos de
este asceta. Pero el enemigo, que odia el bien, asombrado de que después
de los golpes se atreviese a volver, reunió a su jauría y les dijo “Ven que
no hemos vencido a este hombre ni por el espíritu de lujuria ni por los
golpes y nos esta desafiando, ahora vamos a atacarlo de otra manera”. El
demonio cambia fácilmente de forma, y en la noche hicieron tal estruendo
que parecía un terremoto, y parecía que los demonios entraban por las
paredes, viniendo transformados en bestias y animales rastreros. Y todo el
lugar se llenó de repente de leones, osos, leopardos, toros, serpientes,
áspides, escorpiones y lobos. Cada uno actuaba de acuerdo a su naturaleza.
El león rugía, ansioso por atacar, el toro embistiendo con sus cuernos, la
serpiente arrastrándose pero sin acercarse, el lobo tratando de acometer en
su contra. Y todos los ruidos de las apariciones con sus gruñidos eran
espantosos. Antonio herido y picado por ellos, sentía dolores más agudos.
Sin embargo permanecía con al alma tranquila, quejándose por el dolor
corporal, pero con la mente clara y en burla les dijo: “Si hubiera
suficiente poder en ustedes hubiese bastado con que solo uno viniera, pero
ya que el Señor los ha hecho débiles, tratan de asustarme en grupo: y una
prueba de su debilidad es que han tomado la forma de bestias”. Y nuevamente
con coraje les dijo: “Si son capaces y tienen poder en mi contra no
retrasen su ataque, pero si son incapaces ¿por qué me molestan en vano?
Porque la fe en nuestro Señor es un sello y muro de seguridad para nosotros.
Después de muchos intentos rechinaron sus dientes sobre él.
- Pero el
Señor no se olvidó de la lucha de Antonio y estuvo a la mano para ayudarlo.
Entonces miró hacia el techo y vio como si se hubiera abierto y que un rayo
de luz descendía sobre él, los demonios desaparecieron de golpe, el dolor
de su cuerpo cesó, y la edificación se reconstruyó. Antonio sintiendo la
ayuda, recobrando su aliento y liberado del dolor, vio una visión que se le
apareció y le dijo: ¿Dónde estabas? ¿Por qué no apareciste antes para
detener mis dolores? Y una voz le dijo: “Antonio, yo estaba aquí, pero
espere para ver la pelea y ya que la has soportado y no has sido vencido,
siempre te confortaré y haré que se conozca tu nombre en todo lugar” Al
oír esto Antonio se levantó para orar y recibió tal fuerza que notó que
ahora tenía más poder en su cuerpo que antes. Y por ese entonces tenía 35
años.
- Al día
siguiente fue con muchas más ganas al servicio de Dios y encontrándose con
el anciano que conoció antes, le pidió que viviese con él en el desierto.
El otro le dijo que no debido a su avanzada edad. Entonces Antonio volvió
solo a la montaña. Y nuevamente el enemigo viendo su celo y deseando
estorbarlo, le puso en su camino lo que parecía ser un gran plato de plata.
Pero Antonio viendo la trampa del malvado, se detuvo mirando el plato e hizo
avergonzar al demonio diciendo ¿De dónde aparece un plato en medio del
desierto? Este camino no es muy transitado y no hay rastro alguno de
comerciantes, no podría haberse caído sin que nadie sé de cuenta; y aquel
que lo hubiese perdido lo habría recobrado cuando regresase a buscarlo.
Esta es una tentación del demonio. OH malvado, con esto no me impedirás
cumplir mi propósito, que se vaya contigo a la destrucción. Y al decir esto,
el plato desapareció como el humo
- Al
continuar su camino, no en visiones sino en realidad, vio oro desparramado
en el camino. El demonio hacía esto para probar a Antonio y se le mostró que
a Antonio en realidad no le importaba el dinero. Lo que apareció allí, era
realmente oro; Antonio se asombró al ver tal cantidad, pero pasó sobre este
como si pasase sobre el fuego, ya que ni siquiera volteó, y más bien se
apresuró para perder de vista aquel lugar. Con su propósito reafirmando, se
fue a la montaña, y encontró una fortaleza abandonada, llena de animales
rastreros, al otro lado del río, entonces lo cruzó y habitó allí. Los
reptiles se escaparon del lugar como si alguien los estuviese cazando.
Reconstruyó la entrada y almacenó pan para 6 meses – esta es una costumbre
de Thebas y el pan permanece fresco hasta por un año – Encontró agua y
descendió como si entrase a una capilla. Habitó allí sin salir ni ver a
nadie más. Así paso mucho tiempo entrenándose y recibiendo pan dos veces al
año.
- Sus
conocidos que venían solían pasar fuera días y noches, ya que él no les
permitía entrar. Entonces oían griteríos estruendosos, con voces que
decían “Aléjense de lo nuestro ¿Qué hacen ustedes en el desierto?
Ustedes no pueden soportar nuestro ataque”. Al comienzo los que estaban
afuera creyeron que había hombres peleando con él y que habían entrado por
la escalera, pero al mirar no veían a nadie y temiendo que se tratase de
demonios, llamaron a Antonio. Él los escuchó rápidamente, aunque no les
había prestado atención a los demonios; y acercándose a la puerta les pidió
que se fueran y que no temieran, “porque los demonios atacan violentamente
a los cobardes”. Persígnense con la señal de la cruz y váyanse y dejen que
los ataques de estos demonios queden en nada. Entonces, se fueron
fortalecidos con la señal de la cruz. En ningún momento Antonio fue dañado
por los demonios ni agotado por la lucha, porque en su ayuda vinieron
visiones celestiales, y la debilidad del enemigo lo alivió y él se armó con
mayor celo. Sus conocidos venían esperando hallarlo muerto, pero lo
encontraban cantando “Que Dios se levante y que sus enemigos sen
derrotados, y que los que lo odian huyan de Él. Así como el humo se
desvanece, que ellos se desvanezcan, así como la cera se derrite en el
fuego, que los pecadores perezcan lejos de Dios. Todas las naciones vendrán
en contra mía y en el nombre del Señor yo me desquitaré”.
- Y casi
por 20 años él continuó entrenándose en soledad, nunca salía y rara vez era
visto por alguien. Después de esto, cuando muchos estaban deseosos de
imitar su disciplina, sus conocidos vinieron y comenzaron a derribar la
puerta a la fuerza. Antonio, como si viniese de una capilla, salió iniciado
en los misterios y lleno con el Espíritu de Dios. Entonces fue visto por
primera vez por aquellos que venían a verlo. Y al verlo, se asombraron,
porque tenía el mismo cuerpo de antes y no estaba gordo como un hombre que
no hace ejercicios ni flaco por los ayunos y las luchas con los demonios,
sino que estaba igual como lo habían conocido antes de su retiro. Su alma
estaba libre de manchas, no estaba contraída por el dolor ni relajada por
el placer, ni poseída por la risa ni el abatimiento, él no estaba molesto
al mirar a aquella multitud, ni regocijado al ser saludado por tantos. Si no
que era guiado por la razón y vivía en un estado natural. A través de él,
el Señor sanó las heridas de muchos presentes y liberó a otros de espíritus
malvados. Y le dio gracia a Antonio al hablar, de modo que consoló a los que
estaban afligidos, exhortándolos al amor de Cristo antes de lo que estaba en
el mundo. Y mientras los exhortaba, les aconsejaba recordar las buenas cosas
por venir y el cuidado amoroso de Dios para con nosotros. “Quien nos envió
a su único hijo para todos nosotros”, persuadía a muchos para que abracen
la vida solitaria. Y al final sucedió que se erigieron celdas incluso en
las montañas y el desierto fue colonizado por monjes, que venían por su
propia gente y se alistaban para habitar en los cielos.
- Pero
cuando tenía que cruzar el canal Arsenotico debido a la visita de los
hermanos, el canal estaba lleno de cocodrilos. Y orando, entró al canal con
todos y lo cruzaron con toda seguridad. Al retornar a su celda se dedicó a
los mismos nobles y valientes ejercicios, y a través de conversaciones,
incrementaba las ansias de los monjes, animando en el resto el amor por la
disciplina y por este las celdas se multiplicaban y él las dirigía como un
padre.
- Un día,
él salió porque los monjes que estaban con él le habían pedido que les
dirigiese algunas palabras, entonces él, en lenguaje egipcio, les dijo: “Las
escrituras son suficientes para nuestra instrucción, pero es muy bueno
animarnos unos a otros en la fe, y alentarnos con palabras. Por lo tanto,
ustedes como hijos lleven lo que saben a su padre; y yo que soy mayor
compartiré con ustedes mi conocimiento y lo que la experiencia me ha
enseñado Que este sea el objetivo común de todos nosotros, el no desmayar
ni el decir: “Hemos vivido en la disciplina por largo tiempo: sino más
bien empezar nuevamente cada día y así hacer crecer nuestro deseo. Porque
la vida del hombre es muy corta, todo nuestro tiempo no es nada comparado a
la vida eterna...”
-
“Entonces hijos, no desmayemos ni creamos que el tiempo es largo, ni que lo
que estamos haciendo es algo grandioso, “por que los sufrimientos del
presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos será
revelada”. Ni pensemos al mirar al mundo, que hemos renunciado a algo de
mucha importancia, porque la tierra toda es muy pequeña comparada con todo
el cielo. Por lo tanto, si incluso, fuésemos los amos de toda la tierra y
renunciamos a esto, no sería algo digno de comparación con el reino de los
cielos. Entonces no permitan que el deseo de posesión se apodere de ninguno
de ustedes, ¿cuál es la ventaja de tener cosas que no podamos llevar con
nosotros? ¿Por qué mejor no conseguimos aquellas cosas que si podemos
llevarnos – como la prudencia, la justicia, la templanza, el valor, el
entendimiento, el amor, la bondad hacia los pobres, la fe en Cristo, el
liberarnos de la ira, la hospitalidad? Si las poseemos, encontraremos que
nos preparan una bienvenida en la tierra de los humildes de corazón”.
- “Y que
un hombre no tome esto a la ligera, especialmente si se considera siervo del
Señor, y que debe servir a su Amo. Por lo tanto, así como un sirviente no se
atrevería a decir “como ya trabajé ayer, no trabajaré hoy día; y
considerando el pasado no trabajaré en el futuro”; sino que como está
escrito en el Evangelio, diariamente mostrará la misma presteza para
complacer a su amo, y para evitar riesgos: entonces diariamente
mantengámonos firmes en nuestra disciplina, sabiendo que si por un solo
día, nos portamos descuidadamente, el Señor no nos perdonará, considerando
nuestro pasado, sino más bien se encolerizará por nuestra negligencia. Y
también hemos oído en Ezequiel como Judas, por una sola noche destruyó su
anterior labor”.
- “Por lo
tanto, hijos, abracemos nuestra disciplina y no seamos descuidados porque
el Señor es nuestro compañero de trabajo, como está escrito” todos los que
escogen lo bueno, Dios trabaja con ellos para lo bueno “Para evitar ser
descuidados es bueno considerar la palabra del Apóstol: “Muero cada día”
por que si también vivimos muriendo diariamente, no pecaremos. De este
modo, ordenando nuestra vida diaria, no caeremos en el pecado, ni sentiremos
lujuria ni nos encolerizaremos en contra de nadie, ni amontonaremos tesoros
en la tierra. Más bien, bajo la expectación diaria de la muerte, no
conservaremos riquezas y perdonaremos a todos los hombres, no retendremos
deseo alguno por las mujeres ni por ningún otro placer obsceno. Si no que
nos apartaremos de esto, esforzándonos siempre y esperando con ansias el
día del juicio. Porque el gran temor y el peligro del tormento siempre
destruyen la comodidad del placer y hacer fuerte al alma que está por
caer”.
- “Y
esforzaremos para que la ira no nos gobierne ni la lujuria nos venza por que
esta escrito “La ira del hombre no va con la rectitud de Dios” y cuando
se concibe lujuria, esta lleva el pecado, y cuando el pecado crece nos
conduce a la muerte. “Entonces estemos cuidadosamente en guardia, como esta
escrito” “Cuidemos nuestros corazones con vigilancia total” porque tenemos
enemigos terribles – los espíritus malignos - y lucharemos en su contra
como dijo el Apóstol “No en contra de la carne y la sangre, sino en contra
de principios y poderes, en contra de los gobernantes de la oscuridad, en
contra de los señores de la maldad. Hay muchas diferencias entre ellos; se
podría decir mucho con respecto a su naturaleza y diferencias. Pero tal
descripción les corresponde a otros de mayores poderes que nosotros. En este
momento es preciso y necesario que conozcamos solamente sus engaños en
contra nuestra...
- Si los
demonios ven a Cristianos, y a monjes en especial, trabajando alegremente y
avanzando, nos atacan primero a través de la tentación, poniendo obstáculos
para estorbar nuestro camino es decir, pensamientos maliciosos. Pero no
debemos temerles, porque a través de la oración, el ayuno y la fe en el
Señor, su ataque falla inmediatamente. Pero ellos no paran, sino que
vilmente vuelven a venir. Porque cuando no pueden engañar al corazón
abiertamente con placeres obscenos, se acercan con un disfraz diferente, y
con diversas presentaciones tratan de atemorizarnos, cambiando de formas,
tomando la forma de mujeres, bestias salvajes, animales rastreros, gigantes
y tropas de soldados. Pero ustedes no tienen que temer a estas exhibiciones
engañosas. Por que son nada y desaparecen, especialmente si un hombre se
fortalece de antemano con la fe y la señal de la cruz.
-
Mientras Antonio hablaba todos se regocijaban, en algunos el amor a la
virtud aumentaba, en otros el descuido era arrojado de ellos, se acaba el
engreimiento de otros; y todos eran persuadidos de despreciar los ataques
del malvado y se maravillaban de la gracia dada a Antonio por el Señor para
el discernimiento de los espíritus. Entonces sus celdas en las montañas,
estaban llenas de hombres que cantaban salmos, leían, ayunaban, oraban, se
regocijaban en la esperanza de las cosas por venir, obraban para las
limosinas y mantenían el amor y la armonía el uno con el otro. Y en verdad
era posible ver una tierra llena de piedad y justicia. Por que allí no
había ni el que hace el mal, ni los reproches del recaudador de impuestos,
si no una multitud de ascetas, y el único propósito de todos ellos era el de
encaminarse a la virtud. Entonces cualquiera que mirase las celdas, al ver
tal orden entre los monjes, podría levantar su voz y decir: “Cuan excelsos
son los moradores OH Jacob, y las tiendas OH Israel; como una cañada a la
sombra y un jardín por el río, como tiendas que el Señor ha puesto, como
cedros cerca de las aguas”.
- Antonio
de acuerdo a su costumbre, regresó a su celda e incrementó su disciplina, y
diariamente tenía visiones de las mansiones del cielo, poniendo su deseo en
ellas y reflexionando en la brevedad de la vida del hombre. Y solía comer
y dormir con vergüenza cuando pensaba en las facultades espirituales del
alma. A menudo, cuando iba a comer con los otros ermitaños, recogiendo la
comida espiritual, les pedía disculpas y se alejaba de ellos, pensando que
sería una vergüenza si era visto comiendo por otros. Cuando estaba solo,
comía solo por necesidad corporal, y cuando comía con los hermanos,
avergonzado, decía palabras de ayuda. Y decía que a un hombre le
correspondía dedicar todo su tiempo a su alma y no a su cuerpo. Y solo darle
un pequeño espacio al cuerpo para cubrir sus necesidades, pero dedicarle de
todo corazón el demás tiempo al alma y buscar su bien, que no sea
arrastraba por los placeres del cuerpo, sino que al contrario el cuerpo esté
sometido al alma. Porque esto fue lo dicho por el Salvador “Así que no se
preocupen diciendo: “¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Con que nos
vestiremos? Porque los pagamos andar tras todas estas cosas, y el Padre
celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el
Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”
- Después
de esto, la Iglesia sufrió persecuciones durante el reinado de Maximinus. Y
cuando los santos mártires fueron llevados a Alejandría, Antonio los siguió
dejando su celda y dijo: “Vayamos también, a luchar o a contemplar a los que
están luchando”. Y aunque anhelaba sufrir el martirio no deseaba darse
por vencido, y ministraba a los confesores y directores espirituales en las
minas y en las prisiones. Y también estaba presente en el juzgado para
alentar a aquellos que fueron llamados, mientras que a aquellos que estaban
siendo martirizados, él los recibía y los cuidaba hasta que estaban
recuperados. Entonces el juez, viendo la intrepidez y el celo de Antonio y
de los suyos, ordenó que no aparezca ningún monje en el juzgado ni que
permaneciesen en la ciudad. Entonces todos los demás pensaron en
esconderse ese mismo día, pero Antonio, sin hacer caso a la orden, lavó sus
ropas y todo el día siguiente permaneció parado en un lugar alto ante ellos
y ante el gobernador. Cuando este pasó con su batallón, Antonio se quedó
valientemente, mostrando la buena voluntad de nosotros los cristianos y,
aunque él quería ser un mártir, el Señor lo cuidaba para nuestro bien y el
de otros, para que se vuelva un maestro de la disciplina que había
aprendido de las Escrituras. Porque muchos tan solo al contemplar su modo
de vida, deseaban imitarlo. Entonces siguió ayudando a los padres aunque él
también estaba cautivo.
-
Finalmente cesaron las persecuciones y el bendito Obispo Pedro dio su
testimonio. Antonio partió hacia su celda y diariamente fue un mártir y
siguió luchando los conflictos de la fe. Y su disciplina era mucho más
severa, ya que siempre ayunaba y usaba una ropa de piel, con el pelo hacia
adentro y el cuero hacia fuera, la cual conservó hasta el final. Y ni
siquiera se bañaba con agua para sacarse la suciedad, ni se lavaba los
pies, ni aguantaba ponerlos en el agua a no ser que la necesidad lo
obligase. Ni nunca nadie lo vio desnudo, excepto cuando lo enterraron
después de su muerte.
- Cuando
ya se había retirado y fijado un plazo después del cual no debía salir ni
nadie debía ir a verlo, Martiriano, un oficial militar vino porque tenía
una hija poseída por un espíritu maligno. Y tocó la puerta y pidió por largo
rato que Antonio saliese a orar por su niña. Pero Antonio, mirándolo desde
arriba dijo: “Hombre, ¿por qué me llamas? Si yo también soy un hombre como
tú. Pero si tu crees en Cristo, a quien yo sirvo, anda, y de acuerdo a lo
que crees rézale a Dios y él obrará” Entonces él partió, creyendo y
llamando a Cristo y su hija fue liberada por el demonio. Y así fue como el
Señor realizó muchas obras a través de Antonio “pidan y se les dará. Y
muchos que sufrían, dormían fuera de su celda y por su fe y oraciones
sinceras eran sanados.
- Pero
cuando vio que eran muchos los que iban y no podía cumplir su deseo de
estar solo, temiendo que por las obras que hacia el Señor a través de él,
él se inflase o que otros pensasen que él estaba por encima, decidió irse a
Thebad, en donde no era conocido. Y habiendo recibido hogazas de pan de los
hermanos, se sentó a orillas del río a esperar que pasase un bote que lo
llevase río arriba, y mientras pensaba en esto, una voz del cielo le dijo
“Antonio ¿a dónde te vas y porque?” Y él respondió: “Ya que la multitud no
me permite estar tranquilo deseo irme al alto Thebad debido a los
obstáculos que encuentro aquí y especialmente por que me piden cosas que
van más allá de mi poder”. Pero la voz le dijo: “Aunque te vayas a
Tebaida o a Bucolia, tendrás que soportar mucho más del doble de fatigas.
Pero si en verdad deseas estar tranquilo, adéntrate ahora mismo en el
desierto”. Y cuando Antonio dijo ¿Quién me mostrara el camino por que yo no
lo sé? La voz, inmediatamente señaló a los sarracenos que estaban a punto
de ir por allí. Entonces Antonio se les acercó y les preguntó si podía ir
con ellos. Y ellos que habían sido enviados por la Providencia, le
recibieron de buena voluntad. Y habiendo viajado con ellos durante tres días
y tres noches, llego a una montaña bien alta, al pie de ella corría un
manantial de aguas cristalinas, dulces y frías, había también una llanura y
unos cuantas palmeras.
-
Antonio, como si fuese conmovido por Dios, adoró aquel lugar ya que era el
sitio que había señalado por el que le habló en el río. Entonces recibió
hogazas de pan de sus compañeros de viaje y se quedo solo allí. Y
reconociendo ese lugar como si fuera su propia casa, se quedó allí para
siempre. Los sarracenos, habiendo visto el celo de Antonio, siguieron
usando esa ruta y llenos de dicha le enviaban hogazas de pan, mientras que
ahora y entonces las palmeras le proveían de un alimento frugal. Pero
después al ver que la gente seguía viniendo, cultivo algunos maceteros con
hierbas de modo que el que viniese tuviese un pequeño consuelo después del
largo viaje. Sin embargo, al comienzo, cuando las bestias salvajes venían a
beber, dañaban sus plantas. Entonces él gentilmente les dijo: “¿Por qué me
dañan cuando yo no les he hecho daño a ninguno de ustedes? Márchense, y en
nombre del Señor, no regresen a este terreno”. Y desde ese momento, no se
volvieron a acercar.
- Él
estaba solo en las montañas en oración y disciplina. Los hermanos que lo
servían le preguntaron si podían venir cada mes trayéndole aceitunas,
legumbres y aceite tomando en cuenta que el ya estaba viejito. Y así paso
su vida luchando “no contra la carne y sangre” sino contra demonios, como
los supimos por los que lo visitaban. Ya que oían grandes tumultos y voces
y el estruendo de armas. En la noche veían la montaña llena de bestias
salvajes y él las combatía con oración. Y él animaba aquellos que venían
mientras que arrodillado seguía luchando y orando al Señor .Y ciertamente
era algo maravilloso que un hombre solo en el desierto, no temiese a los
demonios que se levantaban en su contra ni a la fiereza de las bestias y
los animales rastreros. En verdad, tal como esta escrito, “Él confiaba en
el Señor como el monte de Sion”, con una mente inquebrantable e
imperturbable, y los demonios huían de él y las bestias “se mantenían en
paz con él”
- Por lo
tanto el demonio, como dice David en los Salmos, observaba a Antonio y
rechinaba sus dientes en su contra. Pero Antonio era consolado por el
Salvador y salía ileso de sus engaños y tretas. Una noche el demonio envió
bestias salvajes en su contra. Y casi todas las hienas del desierto salieron
de sus cuevas y lo acorralaron amenazando con morderlo. Viendo que era una
trampa del enemigo les dijo: “Si han recibido poder en mi contra estoy
listo para ser devorado por ustedes, pero si fueron enviadas por los
demonios, váyanse, por que yo soy un siervo de Cristo” y al decir esto,
todas huyeron como si las palabras fuesen látigos.
- Con
respecto a los que venían a verlo, él predecía cual era el motivo de su
visita. Ya que algunos venían solo por verlo, otros por enfermedades y otros
sufriendo de espíritus malignos y ninguno iba en vano ya que todos
regresaban concientes de haber recibido un beneficio. Y él solía decirles
que no se asombrasen de él si no más bien que se maravillasen del Señor que
nos había concedido conocerlo.
- Además
de esto, él era un hombre tolerante y humilde. Y observaba rígidamente las
leyes de Cristo y quería que todo el clero sea honrado por encima de él y el
no tenía vergüenza de inclinar su cabeza ante presbíteros y obispos e
incluso, si venía un diacono a pedirle ayuda, conversaba con él, pero le
cedía lugar en la oración, y no sentía vergüenza de aprender y a menudo
hacia preguntas y escuchaba a los presentes, y si alguien decía algo útil,
él confesaba su provecho y además su semblante reflejaba una gracia
maravillosa. También recibió este don del Salvador. Si estaba entre muchos
monjes y había alguien que no lo conociese, iba directamente hacia él,
atraído por su apariencia. Y no se destacaba de los demás ni en altura no en
corpulencia sino en la serenidad de su modo de ser y en la pureza de su
alma. Y como su alma estaba libre de perturbaciones, su apariencia externa
era calma, y la alegría de su alma se reflejaba en su semblante alegre, y
a través de los movimientos de su cuerpo se percibía la condición de su
alma. “Cuando el corazón esta feliz el semblante refleja la alegría, pero
cuando esta triste se le nota decaído”. Como Jacob reconoció lo que Laban
tenía en su corazón y él dijo a sus esposas. “El semblante de su padre no
esta como estuvo ayer ni anteayer” así también Samuel reconoció a David por
sus ojos alegres y sus dientes blancos como la leche. Y Antonio era
reconocido, por que nunca estaba perturbado y por que su alma estaba en
paz, nunca estaba abatido por que su mente estaba feliz.
- Y toda
la gente de la ciudad iba a verlo, los griegos y sus Sacerdotes venían a la
iglesia diciendo: “Pedimos ver al hombre de Dios” porque así lo llamaban. Y
allí también el Señor liberó a muchos de demonios y sanó a los que estaba
locos y muchos griegos pedían tocar al anciano, pensando que podían recibir
algún beneficio. Con certeza, ese solo día, se volvieron cristianos
tantos como todos lo que se habrían vuelto en un año. Y cuando alguien
pensaba que Antonio era molestado por las multitudes, y les pedía que se
alejasen, él decía que había ellos eran menos que todos los demonios con
los que luchaba diariamente.
- Y
cuando ya estaba partiendo, llegó una mujer gritando “Quédate hombre de
Dios, mi hija esta siendo perturbada por un demonio. Quédate, te lo
suplico” Entonces Antonio se quedo, y cuando se acercó a la mujer, la niña
estaba tirada en el suelo. Y cuando oró e imploró el nombre de Dios, la
niña se levantó, por que el espíritu maligno ya se había ido. Y la madre
bendijo a Dios y todos dieron gracias. También Antonio se regocijó y partió
después a la montaña.
- Y
aunque Antonio no había aprendido a leer, asombraba por que era un hombre de
gran entendimiento y sagacidad. Una vez vinieron dos filósofos griegos,
creyendo que podían probar sus habilidades con Antonio, y él reconociéndoles
por su apariencia, se les acercó y les dijo mediante un interprete: “¿Por
qué ustedes filósofos se toman la molestia de venir a ver a un hombre
tonto?”. Y cuando ellos le dijeron que no era un hombre tonto si no un
hombre prudente, él les dijo: “Si vienen a ver a un hombre tonto, su labor
no tiene sentido, pero si me creen prudente, vuélvanse como yo, porque
debemos imitar lo bueno. Si yo hubiese ido hacia ustedes los habría imitado,
pero ya que son ustedes los que han venido, vuélvanse como yo, por que yo
soy Cristiano” y ellos se marcharon maravillados, por que vieron que
incluso los demonios temían a Antonio.
- Otros
trataron de burlarse de él porque no sabía leer. Y Antonio les dijo ¿Qué
dicen ustedes, que es primero la mente o las letras? ¿Y cual es la causa de
cual, la mente o las letras? Y cuando ellos respondieron que la mente es lo
primero y la inventora de las letras, el les dijo: “Entonces él que tiene
una mente sana no tiene necesidad de las letras”. Esta respuesta asombró a
los curiosos y a los filósofos, que se marcharon impresionados de ver tanto
entendimiento en un hombre ignorante. Por que sus modales no eran toscos a
pesar de haberse criado en las montañas, si no que era gracioso y educado y
sus palabras estaban sazonadas con la sal divina, entonces todos los que lo
visitaban se regocijaban.
- Tales
fueron las palabras de Antonio y no debemos dudar que tales maravillas
fueron obradas por mano de un hombre. Por que esta es la promesa del
Salvador cuando dice: “Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un
grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña “trasládate de aquí para
allá” y se trasladará. Para ustedes nada será imposible. Y nuevamente. “En
verdad, en verdad les digo que si ustedes piden al Padre en mi nombre Él
les dará y ustedes recibirán” y es el mismo que les dice a sus discípulos y
a todos los que creen en él. “Sanen a los enfermos, echen fuera a los
demonios. Libremente han recibido, libremente den”.
- Vale la
pena que les cuente y que ustedes oigan como fue su muerte. Por que este fin
es digno de ser imitado. De acuerdo a su costumbre visitaba a los monjes, y
habiéndose enterado por la Providencia de que su propio fin estaba cerca,
les dijo a los hermanos: “Esta es la última visita que les hago. Me
sorprendería volver a ver a alguno de ustedes en esta vida. El tiempo de mi
partida esta cerca, ya que tengo casi 105 años”. Al oír esto, ellos
lloraron, lo abrazaron y lo besaron. Pero él, como si estuviese regresando a
su hogar, les habló con alegría y los exhorto: “No se vuelvan flojos en sus
labores, ni débiles en su entrenamiento, vivan muriendo diariamente” Y como
dijo antes: “Cuiden celosamente su mente de pensamientos lujuriosos, imiten
a los Santos y no se relacionen con los cismáticos Melicianos, porque ya
conocen de su conducta perversa y profana. Ni con los arrianos, por que sus
impiedades son evidentes a todos. Ni se preocupen al ver que los jueces los
protegen, por que su ostentación es mortal y de corta duración. Por lo
tanto manténgase no corrompidos por ellos, y observen las tradiciones de
los padres y principalmente la fe en nuestro Señor Jesucristo, de quien han
aprendido a través de las Escrituras y en el cual a menudo piensan por mí”
- Pero
cuando los hermanos le pedían que viviese con ellos y allí muriese, él no
lo aceptaba por muchas razones, especialmente por que los Egipcios suelen
honrar con ritos funerarios y envuelven con telas de lino los cadáveres de
hombres buenos y a los santos mártires, y no los entierran si no que los
ponen en colchones y los mantienen en sus casas y así creen que honran a
los que partieron. Antonio instaba a los Obispos a que hicieran algo al
respecto. De igual manera enseñaba a los legos y a las mujeres que “esto no
era recto ni santo”. Ya que los cuerpos de los patriarcas y profetas
hasta ahora están en las tumbas y que el mismo cuerpo del Señor estuvo en
una tumba y que fue puesto sobre una roca y escondido hasta que resucitó al
tercer día. Y así mostró que el que no enterraba los cadáveres transgredía
la ley, pensando que eran sagrados. Por que ¿Qué es más sagrado que el
cuerpo del Señor? Entonces al oír esto, muchos enterraron a los muertos y
dieron gracias al Señor por haber sido instruidos correctamente.
- Pero
él, conociendo esta costumbre y temiendo que su cuerpo sea tratado así, se
despidió de los monjes y rápidamente se dirigió a su lugar. Después de unos
meses cayó enfermo. Estando con dos hermanos que estuvieron con él por 15
años practicando la disciplina y atendiendo a Antonio debido a su avanzada
edad, les dijo: “Como esta inscrito, me voy por la senda de los padres, por
que percibo que estoy siendo llamado por el Señor. Ustedes manténganse
vigilantes y no destruyan su larga disciplina, si no comenzando diariamente,
preserven celosamente su determinación. Porque ya conocen la perfidia de los
demonios, lo feroces que son pero también el poco poder que tienen.
Entonces, no les tengan miedo, y confien en Cristo, vivan muriendo
diariamente. Pónganse atención y recuerden el consejo que les doy. No se
relacionan con los cismáticos, ni con los herejes arrianos. Saben como los
he evitado debido a su hostilidad con Cristo y a las extrañas doctrinas de
su herejía. Sean siempre seguidores primero de Dios y luego de los Santos,
que después de la muerte los recibirán como amigos en sus habitaciones
eternas. Mediten en estas cosas si en verdad les importo y me consideran su
padre, no permitan que nadie lleve mi cuerpo a Egipto, menos aún que me
tengan en sus casas, porque para evitar eso es que vine aquí a la montaña.
Más aún sabiendo como siempre reprendía a los que tenían esta costumbre y
los exhortaba a dejarla. Entonces entierren mi cuerpo y que nadie más sepa
donde me enterraron. Por que el día de la resurrección lo recibiré
incorruptible del Salvador. Y dividan mis ropas; a Atanasio el obispo denle
la piel de oveja y la manta en la que estoy tendido, la cual me dio nueva
pero que ha envejecido conmigo. A Serapio el obispo denle la otra piel de
oveja y ustedes quédense con la otra manta ya que Antonio está partiendo y
no estará más con ustedes.
-
Habiendo dicho esto, cuando ellos lo besaron, él cómo si viese a amigos
acercándose, reflejó alegría y murió reuniéndose con los padres. Y después,
de acuerdo a sus órdenes, lo enterraron y hasta hoy nadie sabe donde. Y los
que recibieron la piel de oveja del bendecido Antonio y la ropa usada por
él, las guardan como tesoros preciosos. Por que verlas es como ver a
Antonio, y aquel que se viste con ellas esta gozoso de seguir sus consejos.
- Este es
el final de la vida terrenal de Antonio y a principio está el comienzo de
su disciplina. Y si este relato es pequeño comparado con su merito, aún en
este se ve cuan grande fue Antonio, el hombre de Dios. Quien desde su
juventud hasta la vejez mantuvo un celo uniforme en la disciplina, y ni
siquiera a su avanzada edad fue dominado por el deseo de comidas costosas,
ni la enfermedad de su cuerpo cambió su modo de vestir, ni siquiera lavaba
sus pies con agua y permaneció completamente libre de daño alguno. Sus ojos
seguían tan brillantes como antes y miraba claramente, no perdió ni uno solo
de sus dientes aunque se desgastaron debió a su avanzada edad. Se mantuvo
fuerte, sus manos y piernas resistentes y mientras todos los demás comían
varias veces, se lavaban y usaban ropas diversas, él se veía más contento y
con más fuerza. Y el hecho de que su fama fuera proclamada en todo lugar,
que todos lo mirasen maravillados; y que aquellos que nunca lo habían visto
anhelaran verlo, es una prueba clara de su virtud y del amor de Dios en su
alma. Por que Antonio no era famoso por su sabiduría mundana, ni por arte
alguno sino solamente por su piedad hacia Dios. Y nadie negara que éste era
un don divino. Por que desde España a Galia, de Roma a África se conocía de
este hombre que vivía en la montaña, ya que Dios hace que los suyos sean
conocidos en todo lugar. Si no ¿Quién más le prometió esto a Antonio al
principio? Porque aún si ellos trabajan secretamente o si quieren
permanecer en el anonimato (oscuridad), el Señor los muestra como lámparas
para que alumbren a todos para que aquellos que los escuchan conozcan los
preceptos de Dios que hacen que los hombres prosperen y sigan celosamente el
camino de la virtud.
- Por lo
tanto, lean estas palabras al resto de hermanos para que sepan como debe ser
la vida de un monje; y crean que nuestro Señor y salvador Jesucristo
glorifica a los que le glorifican; y acompaña a los que le sirven hasta el
final, no solo en el reino de los cielos, sino aquí también; aunque
quieran esconderse y alejarse del mundo, los hace ilustres y conocidos en
todo lugar debido a su virtud y a la ayuda que prestan a los demás. Y si es
necesario, léanlo también a los impíos, para que de este modo puedan saber
de nuestro señor Jesucristo que es el único Dios e hijo de Dios, y también
de los cristianos que lo sirven en verdad y religiosamente creen en él, y
que los demonios a quien los griegos creen dioses, no lo son y que los
pisamos y los echamos por ser engañosos y corruptos para la raza humana, a
través de Jesucristo nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de
los siglos. Amen.