Tratados Atribuidos a Cipriano:
De la disciplina y ventaja de la Castidad
Los insto, ante todo, a mantener las barreras de la castidad, sabiendo que ustedes son el templo del Señor, los miembros de Cristo, la morada del Espíritu Santo, elegidos para la esperanza, consagrados para la fe, destinados para la salvación, hijos de Dios, hermanos de Cristo, socios del Espíritu Santo. Y como hemos nacido de nuevo en el agua, no le debemos nada a la carne, tan solo la castidad, la que siempre debemos desear y nos será dada, de acuerdo a la Redención; que lo que ha sido consagrado por Cristo no sea corrupto. Porque si el apóstol declara que la Iglesia es la esposa de Cristo, les ruego que consideren la castidad requerida, donde la Iglesia es dada en matrimonio como una virgen…
3. La castidad es la dignidad del cuerpo, el ornamento de la moralidad, lo sagrado del cuerpo, el lazo de modestia, la fuente de pureza, la tranquilidad del hogar, la corona de concordia. La castidad no se fija en a quien complace, sino en si misma. La castidad es siempre modesta, siendo la madre de la inocencia; la castidad solo se adorna con la modestia, entonces es correctamente conciente de su propia belleza si desagrada a los malvados. La castidad no busca nada en la senda de los adornos, ella es su propia gloria. Es ella la que nos manda al Señor, nos une con Cristo; es la que echa fuera de nuestros miembros todos los conflictos del deseo, la que instaura la paz en nuestros cuerpos… Por otra parte, la impudicia, la enemiga de la castidad, es siempre detestable…
4. La castidad pone en primera fila a las vírgenes, en segunda fila a los que se abstienen, y en tercera, a los matrimonios. Y en todos sus grados se mantiene gloriosa. Porque incluso el mantener la fe en el matrimonio es algo digno de alabanza en medio de toda esta lucha corporal; y el haber determinado un límite en el matrimonio, definido por la abstinencia, es aún más virtuoso; porque en este caso, hasta las cosas lícitas son rechazadas. El haber guardado su pureza desde el vientre y haberse mantenido como un niño hasta una avanzada edad, durante toda la vida, es ciertamente parte de una virtud admirable, si el nunca haber conocido las capacidades seductoras del cuerpo es la mayor bendición, el haberlas vencido cuando ya se las conocía es aún mayor virtud; y aunque la virtud es un don de Dios, se manifiesta en los hombres.
5. Hermanos, los preceptos de la castidad son antiguos. ¿Por qué digo que son antiguos? Porque han sido ordenados en el mismo momento de la creación del hombre. Porque el marido pertenece a la mujer, por la razón de que ella no conoce a otro hombre además de él, y la mujer es dada al hombre para que lo que ha sido suyo sea cedido a él, no busca de ningún modo pertenecer a nadie más. Y al respecto esta dicho: “Dos serán uno solo”, y lo que ha sido hecho uno permanezca unido; y que una separación no de pie a la existencia de alguien más. El apóstol también declara que el hombre es la cabeza de la mujer, que le debe encomendar la castidad de los dos. Ya que así como una cabeza no puede ser puesta en el cuerpo de otro, tampoco el cuerpo puede ajustarse a la cabeza de otro, porque una cabeza va con su cuerpo y un cuerpo con su cabeza, y ambos son asociados por una unión natural de mutuo acuerdo, no sea que cualquier discordia que surja por la separación de los miembros, rompa el divino convenio…
6. Cuando se le preguntó a Cristo dijo que una esposa no debe ser dejada, salvo por causa de adulterio, tal honor le dio él a la castidad. Y de ahí surgió el siguiente decreto “No deben permitir que las adúltera vivan” y el apóstol dice “Es la voluntad de Dios que ustedes se abstengan de la fornicación”. Y también “Los miembros de Cristo no deben unirse con los miembros de una ramera”. Ya que el hombre se entrega a Satán mediante la destrucción de la carne, quien pisando la ley de la castidad, se entrega a los vicios de la carne. Es por eso que los adúlteros no obtienen el reino de los cielos. De ahí que el pecado no tenga cuerpo, sino que el adúltero peca contra su propio cuerpo. Hay muchas más declaraciones del instructor al respecto, pero no es necesario repetirlas por que ustedes ya las conocen y practican. Porque el adúltero no tiene excusas.
7. Y así como se le da órdenes a las matronas, que están tan unidas que ya no pueden más separase; la virginidad y la abstinencia van más allá de toda ley, no hay nada en las leyes del matrimonio concerniente a la virginidad; ya que por su sublimidad las trasciende a todas. Si alguna empresa de los hombres trata de superar las leyes, la virginidad se ubicará en una igualdad con los ángeles. Si investigamos, incluso sobresale entre ellos, porque luchando en la carne, gana la victoria; tal naturaleza no tienen los ángeles. ¿Qué es la virginidad sino la gloriosa preparación para la vida futura? La virginidad es para ambos sexos. La virginidad es la continuación de la infancia, es el triunfo sobre los placeres. La virginidad no tiene hijos, y más aún, tiene desprecio por los retoños; no tiene fructuosidad pero tampoco aflicción, es bendecida al ser liberada de los dolores de dar a luz, mucho más aún, es liberada de la calumnia de la muerte de los hijos. ¿Qué más es la virginidad sino la liberación de la libertad? No tiene un esposo como dueño, está libre de todos los afectos, no es dada en matrimonio ni al mundo ni a los hijos. No teme persecuciones porque no puede provocarlas…
13. Para regresar a lo que comencé, la castidad debe ser siempre cultivada por hombres y mujeres, debe ser mantenida cuidadosamente dentro de sus límites. La naturaleza del cuerpo es puesta en peligro rápidamente, cuando la carne, que siempre cae, la lleva también en su caída. Bajo el pretexto de una naturaleza que urge a los hombres de deseos, por donde se restauran las ruinas de una raza caída, engañando con las tentaciones del placer, no conduce a sus retoños a la abstinencia de la cópula lícita, sino que los arroja directamente al crimen. Por lo tanto, debemos luchar con todas nuestras fuerzas contra estas trampas carnales, por las cuales el demonio se impone como compañero y se convierte en líder. Que la ayuda de Cristo sea apropiada de acuerdo al apóstol, y que la mente se aleje lo más posible de las asociaciones con el cuerpo, que el consentimiento sea retirado del cuerpo; que los vicios siempre sean castigados, que sean aborrecidos; que la horrible y deforme vergüenza que produce el pecado nunca este en nuestros ojos. Que no se le de ninguna indulgencia al cuerpo, ya que lo que se debe evitar es el vicio carnal…
METODIO
El banquete de las diez vírgenes
O Concerniente a la Castidad
Discurso I.- Marcela
Capítulo I: Las dificultades y la excelencia de la virginidad. El estudio de la doctrina necesaria para las vírgenes.
La virginidad es algo grandioso, maravilloso y gloriosos, y para hablar de acuerdo a las Escrituras, esta es la mejor y la más noble manera de vida, y su ausencia es la raíz de la inmoralidad, y también sus flores y sus frutos. Es por esto que el Señor promete que los que se han vuelto eunucos, entrarán al reino de los cielos, en el pasaje del Evangelio en el cual declara las diversas razones por las cuales los hombres se hacen eunucos. La castidad en los hombres es una cosa muy rara y difícil de alcanzar, y en proporción a su excelencia suprema y magnificencia está el más grande de sus peligros. Por esto es que se requiere naturalezas fuertes y generosas, que sepulten la corriente del placer, que dirijan la carroza del alma hacia arriba, que no se desvíen de su objetivo , hasta que por rapidez de pensamiento, se hayan elevado y ocupado su sitio en los cielos, y contemplen como la inmortalidad sale del pecho del Todopoderoso. La Tierra no podría originar esta corriente, solo el cielo sabe de la fuente que proviene, porque debemos pensar en la virginidad como el caminar sobre la tierra, pero elevándonos al cielo.
Por lo tanto, es preciso que una virgen ame siempre las cosas honorables y se distinga entre las demás por su sabiduría y su no adicción a cosas lujuriosas o perezosas, sino que sobresalga y fije su mente en cosas dignas de su estado de virginidad; siempre alejando al obscenidad de la lujuria, no se que alguna pequeña corrupción bien escondida alimente el gusano de la incontinencia. Porque la mujer soltera debe ocuparse de la cosas del Señor, debe pensar en como puede complacerlo, debe ser “santa” tanto en cuerpo como en espíritu, dice el bendito Pablo…
Capítulo II La Virginidad una planta del cielo introducida últimamente. El avance del género humano hacia la perfección.
Y en verdad, por un gran poder, la planta de la virginidad fue enviada a los hombres desde el cielo. La raza de los hombres era pequeña en número y era necesario que primero se incrementara, para que luego sea conducida a la perfección. Por lo tanto, a los hombres de épocas antiguas, no les parecía impropio tomar como esposas a sus propias hermanas; hasta que la nueva ley los separó, prohibiendo así lo que al comienzo parecía correcto, lo declaró pecado, maldiciendo a aquel que “descubriera la desnudez de su hermana”. Dios le envió a nuestra raza la ayuda necesaria en el momento preciso, tal como los padres hacen con sus hijos. Porque ellos no les imponen amos durante el periodo de la niñez, sino que los dejan divertirse, y primero les envían profesores hasta que crecen y ya están listos para cosas más grandes. Y debemos tener en cuenta como actuó Dios con nuestros antepasados. Porque el mundo, aun no lleno de hombres, era como un niño y era necesario que se llenase primero y así creciese hasta la adultez. Pero cuando después fue colonizado de extremo a extremo, Dios no permitió que siguiese del mismo modo. Y para que se acercasen cada vez más al cielo, debían primero abandonar el matrimonio entre hermanos y casarse con esposas de otras familias, y que ya no tengan muchas esposas, como las bestias; y que ya no sean adúlteros, que mantengan su abstinencia y de la abstinencia vayan a la virginidad, al haberse entrenado ellos mismos para despreciar la carne y de este modo alcanzar la más grandiosa lección de virginidad y así la perfección, para que puedan navegar sin temores en el pacífico cielo de la inmortalidad.
Capítulo IV Solo Cristo enseñó la virginidad, predicando abiertamente el reino de los cielos. La semejanza de Dios, obtenida a la luz de las virtudes divinas.
Ya hemos hablado de los periodos de la humanidad, y como, comenzando con el matrimonio entre hermanos, siguió la abstinencia y ahora nos toca la virginidad. Entonces trataremos de hablar lo mejor posible sobre esto. Y preguntémonos primero por qué razón ninguno de los patriarcas, profetas y hombres rectos, que enseñaron e hicieron cosas nobles, predicó o escogió el estado de virginidad. Porque esto fue solo reservado para el Señor, para que el fuera el primero en predicar esta doctrina, ya que solo él, bajando de los cielos por nosotros, enseñó al hombre a acercarse a Dios. Porque era apropiado que él, que era el primero y jefe entre los sacerdotes, profetas y ángeles, sea también el primero y jefe entre los vírgenes. Porque en los tiempos antiguos, el hombre todavía no se había perfeccionado y por este motivo era incapaz de recibir la perfección que es la virginidad.
Capítulo V Cristo, preservando su carne incorrupta en virginidad, hace un llamado al ejercicio de la virginidad. El pequeño número de vírgenes comparado al número de Santos.
¿A qué se dirigió el Señor, que es la Verdad y la Luz, cuando bajó de los cielos? El preservó la carne que tomó incorrupta en virginidad, entonces nosotros también, si queremos ser a semejanza de Dios y de Cristo, debemos esforzarnos en honrar la virginidad. Porque la semejanza de Dios es evitar la corrupción. Y cuando el Verbo se encarnó, se convirtió en el jefe Virgen, del mismo modo que era el jefe Pastor y el jefe Profeta de la Iglesia. Juan nos lo dijo en el libro del Apocalipsis: “Luego miré y apareció el Cordero. Estaba de pie sobre le monte de Sion, en compañía de ciento cuarenta y cuatro mil personas que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre. Oí un sonido que venía del cielo, como el estruendo de una catarata y el retumbar de un gran trueno. El sonido se parecía al de músicos que tañen sus arpas. Y cantaban un himno nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender ese himno aparte de los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra. Estos se mantuvieron puros, sin contaminarse con ritos sexuales. Son los que siguen al Cordero por donde quiera que va”, mostrando que el Señor es el líder del coro de vírgenes. Y además de esto resalta cuan grandiosa es la visión de la virginidad para Dios. “Fueron rescatados como los primero frutos de la humanidad para Dios y el Cordero. No se encontró mentira alguna en su boca, pues son intachables y siguen al Cordero por donde quiera que va”.
DOS EPÍSTOLAS CONCERNIENTES A LA VIRGINIDAD
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La Primera Epístola del bendito Clemente
El discípulo de Pedro el apóstol.
Capítulo II Para una virginidad verdadera es necesaria una virtud perfecta.
De todos los vírgenes de ambos sexos que en verdad han decidido mantener su virginidad, -a cada uno se les pide que sean dignos del reino de los cielos en todos los aspectos – aquellos que son realmente vírgenes por el bien del reino de Dios, ponen atención a lo que Él dijo: “Que no falle su rectitud ni su fe, aténselas al cuello, y así hallarán favores, y piensen buenas cosas ante Dios y ante los hombres” para que ellos vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en el cielo. Porque es necesario que el hombre de Dios sea perfecto en sus palabras y obras y que en su vida esta adornado con un comportamiento ordenado y ejemplar y que lleve todos sus actos en rectitud, como hombre de Dios.
Capítulo IV Continuación de las observaciones de la auto-negación, objeto y recompensa de las vírgenes verdaderas.
Las verdaderas vírgenes anhelan “la esperanza prometida” y “guardada en los cielos” por Dios, quien declaró con su boca y no miente, que es “mejor que hijos e hijas” y que Él les dará a las vírgenes un sitio notable en la casa de Dios, y mejor que el lugar de aquellos que han llevado una vida de casados en santidad y cuya “cama no ha sido deshonrada” Porque Dios les dará a las vírgenes el reino de los cielos, así como a los ángeles, debido a esta grandiosa y noble profesión.
Capítulo V Los fastidios y enemigos de la virginidad
¿Deseas ser virgen?, entonces conoce las dificultades y fastidios de la verdadera virginidad. Esta permanece constante en todas las épocas ante Dios y no se retira de su servicio y “está ansiosa de complacer al Señor con un cuerpo sagrado y con su espíritu” ¿Saben cuan grandiosa gloria le corresponde a la virginidad y es por eso que la practican? ¿Realmente saben y entienden lo que con tantas ansias quieren hacer? ¿Conocen las nobles tareas de la santa virginidad? ¿Sabes como hombre, entrar correctamente en esto y luchar con la fuerza del Espíritu Santo, y que serás coronado con una corona de luz y que te conducirán triunfante a través de la “Jerusalén celestial?” Si es así, entonces, que ustedes anhelen todas estas cosas, venzan al mundo con el Espíritu de Dios, venzan a las cosas vanas del tiempo, que pasa, envejece, decae, y tiene su final, venzan al dragón, al león, conquisten a la serpiente, venzan a Satanás a través de Jesucristo que nos fortalece al oír sus palabras y por la Santa Eucaristía. Porque quien camina por la senda de la fe, no tema y en cada uno de sus actos reciba la corona de la virginidad, cuyo afán es grande como es grande también su recompensa. ¿Entienden cuan honorable es en santidad? ¿Entienden cuan grandiosa, exaltada y excelente es la gloria de la virginidad?
Capítulo VI Divinidad de la virginidad
El vientre de una santa virgen llevó a nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios; y obtuvo un cuerpo de esta santa virgen, con el cual luchó en este mundo; por lo tanto entiendan la grandeza y dignidad de la virginidad. ¿Desean ser cristianos? Imiten a Cristo en todo. Juan el bautista, el embajador, el que vino antes de nuestro Señor, “que no hubo nadie más grande que él entre los nacidos de mujer”, el santo mensajero de nuestro Señor, era virgen. Por lo tanto imiten al embajador de nuestro Señor y sean sus seguidores en todo. Por que la Escritura ha dicho: “Observen a los ancianos, hónrenlos, e imiten su manera de vida, su conducta y su fe”
ESCRITOS DE ANTENÁGORAS
Una plegaria para los cristianos
Capítulo XXXIII. La castidad de los cristianos con respecto al matrimonio.
Por lo tanto, teniendo la esperanza de la vida eterna, despreciamos las cosas de esta vida, incluso los placeres del alma, cada uno pensando en su esposa con la que se ha casado de acuerdo a las leyes establecidas por nosotros y solo con el propósito de tener hijos. Por que así como el esposo echa la semilla en el campo y espera hasta la cosecha, sin sembrar otra vez, así para nosotros la procreación de los hijos es la medida de nuestra indulgencia en el apetito. Más aún encontrarán entre ustedes hombres y mujeres envejeciendo solteros, en la esperanza de vivir en una comunión más cercana con Dios; la indulgencia de pensamientos carnales y el deseo nos alejan de él, entonces evitemos esos pensamientos y rechacemos esos actos. Porque dedicamos nuestra atención, no solo al estudio de la Palabra, sino a la exhibición y la enseñanza de acciones. Que una persona permanezca tal como nació o que se contente con un solo matrimonio, porque el segundo matrimonio es considerado como adulterio. “Porque quien deje a su esposa y se case con otra comete adulterio”, y no se le permite a un hombre abandonar a una mujer, con cuya virginidad él ha terminado, ni casarse de nuevo. Porque aquel que se priva de su primera esposa, aunque este muerta, es un adúltero encubierto, resistiéndose a la mano de Dios, porque al comienzo Dios hizo un hombre y una mujer, y disolviendo la unión estricta de la carne con la carne, formada para la cópula de la raza.
TERTULIANO
Los Cinco libros contra Marción
Libro V
Capítulo XV
“Nuestra santificación” es “la voluntad de Dios”, y nos damos cuenta que él prohíbe la conducta opuesta. Que “debemos abstenernos de la fornicación” no del matrimonio; que cada uno “debe saber como poseer su vasija en honor”, ¿Cómo? “No en la lujuria de la concupiscencia” como los gentiles. Sin embargo, la concupiscencia no es atribuida al matrimonio entre los gentiles, sino a los pecados extravagantes, contra naturales y enormes. La ley de la naturaleza se opone a la lujuria y también a la grosería y a la suciedad; no prohíbe la cópula conyugal, sino la concupiscencia, y dice que cuidemos nuestra vasija para el honorable estado del matrimonio. Trataré este pasaje de tal manera para mantener la superioridad de la más alta santidad, prefiriendo la abstinencia y la virginidad al matrimonio, pero de ninguna manera prohibiendo este último. Porque mi hostilidad va en contra de aquellos que quieren destruir a Dios del matrimonio, y no en contra de los que siguen la castidad.
De la Resurrección de la Carne
Capítulo VIII
Ahora haré algunas declaraciones en defensa de la carne, desde un punto de vista general de la condición de nuestra naturaleza humana. Consideremos su relación con la cristiandad, y veamos cuan grande privilegio se le ha concedido a esta sustancia pobre e indigna ante Dios.
En verdad, bastaría decir que no es solo es el alma la que nos procura salvación, sino cuando se encuentra en la carne, entonces, es verdad que la solución depende de la carne. Y puesto que el alma ha escogido estar al servicio de Dios, para su salvación, es la carne la que le hace posible cumplir este servicio. La carne es lavada para que el alma sea limpiada; la carne es ungida para que el alma sea consagrada; la carne se persigna con la señal de la cruz para que el alma sea fortalecida; se le imponen manos a la carne para que el alma sea iluminada por el Espíritu Santo; la carne se alimenta del cuerpo y sangre de Cristo para que le alma pueda alimentarse de su Dios. No pueden ser separadas en su recompensa, ya que estuvieron unidas en su servicio. Aquellos sacrificios que son aceptables a Dios, como los conflictos del alma, ayunos, abstinencias y humillaciones, son llevados a cabo por la carne. Asimismo, la virginidad, la viudez y la secreta restricción de la cama matrimonial, son ofrendas fragantes a Dios, ofrecidas por los buenos servicios de la carne.
IV A su esposa
Capítulo VI Ejemplos de paganos puestos como buenos ejemplos de viudez y
Celibato.
…La mujer cuyo esposo haya fallecido, debe imponerle reposo a su sexo absteniéndose del matrimonio. ¡Abstinencia dedicada por un sin número de mujeres gentiles a sus amados esposos! Cuando algo nos parezca difícil, veamos a los que tienen que lidiar con mayores dificultades. ¿Cuántos son los que después del bautismo ponen el sello de la virginidad sobre su carne? ¿Cuántos son los que de mutuo acuerdo cancelan la deuda de su matrimonio? ¡Eunucos voluntarios por su anhelo del reino celestial! Pero si cuando el lazo matrimonial seguía intacto se mantenía la abstinencia, ¡cuánto más se mantendrá cuando este se ha roto! Porque yo creo que es más difícil que se abandone lo que esta intacto, que lo que ya ha sido perdido una vez sea anhelado después. Y ciertamente es una ardua labor el que una santa mujer se mantenga en abstinencia después de la muerte de su esposo.
Capítulo VII La muerte de un esposo es un llamado a la abstinencia de la viuda. Más evidencias de las Escrituras y del paganismo.
La abstinencia nos ha sido señalada por el Señor de la Salvación como un instrumento para alcanzar la eternidad, y como testimonio de nuestra fe, como una recomendación para nuestra carne sobreviva de acuerdo ala voluntad de Dios.
Por lo tanto, cuando por la voluntad de Dios fallezca el esposo, el matrimonio también fallece. ¿Por qué ustedes restauran lo que Dios ha derribado? ¿Por qué desprecian la libertad que se les ofrece, repitiendo la servidumbre del matrimonio? El apóstol dice: “Si han sido unidos a una esposa, no busquen perderla. Si la han perdido, no busquen unirse de nuevo”. Y aunque ustedes no pecan al volverse a casar, “sigue la presión de la carne” Por lo tanto, tratemos de abrazar lo más que podamos la oportunidad de la abstinencia. Si se nos ofrece, aceptémosla; y si no hemos tenido la fuerza de seguirla en el matrimonio, sigámosla en la viudez. Se debe aprovechar la ocasión que le pone fin a una necesidad. Cuan perjudicial para la fe, cuan gran obstáculo para la santidad es el segundo matrimonio. La disciplina de la Iglesia y la prescripción del apóstol lo declaran, cuando no permiten que un hombre casado dos veces presida la Iglesia, ni permiten el ingreso de una viuda , a menos que haya sido “la esposa de un solo hombre”, porque corresponde que el altar de Dios sea puro…
V EXHORTACIÓN A LA CASTIDAD
Capítulo I Introducción. La Virginidad clasificada en tres clases.
…”La voluntad de Dios” es “nuestra santificación”, porque el desea que su “imagen”-nosotros- lleguemos a ser su “semejanza”; que seamos “santos” como él fue “santo”. Y este bien –la santificación- lo ha dividido en tres clases. Nos hallaremos en alguna de ellas. La primera clase es la virginidad de nacimiento; la segunda es la virginidad desde la pila del bautismo, la cual, incluso en el matrimonio, se mantiene pura de mutuo acuerdo, o la que se mantiene en la viudez; la tercera clase es la monogamia, la cual, después del matrimonio contraído, renuncia a la unión sexual. La primera virginidad es la virginidad de la felicidad y consiste en una total ignorancia de lo que después se querrá liberar; la segunda, de la virtud, rechazando la indulgencia de lo que ya se conoce bien; la última, la de no volverse a casar después de la separación del primer matrimonio, además de ser la gloria de la virtud, es la moderación, porque la moderación no lamenta la perdida de lo que se ha ido y ha sido llevado por el Señor, sin quien ni una hoja cae de un árbol…
VI De la Monogamia
Capítulo III La cuestión es nuevamente considerada en relación a las palabras del
Señor y sus apóstoles.
…Y si aún el Espíritu Santo prescribiese la virginidad o la abstinencia total y absoluta, a fin de no permitir el calor de la carne ni en el matrimonio, no estaría pidiendo nada nuevo; viendo que el mismísimo Señor “abre el reino de los cielos” a los “eunucos”, siendo él también virgen, y ante quien el apóstol Pablo, también abstinente, le da preferencia a la abstinencia, pero salvando la ley del matrimonio. Salvándola y veremos bajo que limitaciones, no obstante, está siendo destruida, al darle preferencia a la abstinencia. El dice: “Es bueno que un hombre no tenga contacto con una mujer, y es malo tener contacto con ella” y sigue: “Que los que tiene esposas actúen como si no las tuviesen”. Y aconseja que los solteros piensen en Dios; y que los casados piensen, en sus matrimonios, en como pueden complacer al otro. Y yo sostengo que lo permitido no es del todo bueno…Es mejor perder un ojo que perder los dos, pero no es mejor el hecho de tener un ojo si este no es bueno.
Cuando Juan nos aconseja “caminar como lo hizo el Señor”, nos insta a caminar de acuerdo a la santidad de la carne. “Que el hombre que tiene puesta su esperanza en Él, sea casto, así como él fue casto” y nuevamente “Sean santos así como él fue santo”…con respecto a la carne. Por lo tanto el Espíritu nos impone un freno final sobre la carne, ya no indirectamente sino abiertamente, ya que ahora, más que nunca, “el tiempo se está acabando”, ya que han pasado 160 años desde entonces. Entonces, ¿No pensaríamos que esta disciplina antigua, mostrada en las primeras épocas, es la voluntad del Señor, y luego en los consejos y ejemplos de sus apóstoles? Desde la antigüedad estamos destinados a la santidad.